Universos Paralelos: La idea de los universos paralelos atrae a los científicos

Popularizada por la ciencia ficción, la idea de universos paralelos que recrea el escritor Philip Pullman en su famosa trilogía ‘La materia oscura’ está siendo estudiada seriamente por los científicos.
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“La idea de una multitud de universos es más que una invención fantástica. Aparece naturalmente en varias teorías y merece ser tomada en cuenta”, escribe el astrofísico Aurélien Barrau en el número de diciembre de la revista Cern Courier de la Organización Europea para la Investigación Nuclear.

“Estos universos múltiples no son teorías, sino las consecuencias de teorías elaboradas para responder a cuestiones de física de las partículas o de la gravitación. Muchos problemas centrados en la física teórica (…) encuentran así una explicación natural”, resume este físico del Laboratorio de Física Subatómica y Cosmología.

“¿Nuestro universo sería sólo un islote irrisorio en el seno de un inmenso ‘multiverso’ infinitamente vasto y diversificado?” Si es verdad, esto podría ser para el hombre, que se había creído mucho tiempo en el centro del mundo o en el centro de la creación, “la cuarta herida narcisista”, después de las infligidas “por Copérnico, Darwin y Freud”, continúa.

Imaginar que hay multitudes de universos respondería una de las grandes preguntas de los físicos: ¿Por qué motivo -salvo creer en Dios- nuestro universo, si fuera el único existente, tendría precisamente las leyes y las constantes físicas que habrían permitido la aparición de astros, de planetas y finalmente de la vida?

“Las características de nuestro universo se explican bien si se supone que todas las versiones imaginables o no de la realidad existen ‘en alguna parte'”, resumía de esta manera hace unos años el astrofísico Max Tegmark.

La idea de universos paralelos fue introducida en 1957 por el físico estadounidense Hugh Everett, para interpretar ciertas rarezas -para el sentido común- de la física cuántica.

Pueden encontrarse partículas en una superposición de estados, como si un gato pudiera estar vivo y muerto a la vez, según la célebre paradoja pronunciada por uno de los ‘padres’ de la física cuántica, Erwin Schrodinger.

Sólo un estado se hace realidad en el momento de una observación. Entonces, ¿no se plasman las otras probabilidades en otros universos? Hugh Everett y otros físicos así lo suponían.

Existirían entonces varios universos paralelos que habrían tenido un pasado común, antes de divergir hacia otro posible. La antigua serie televisada estadounidense ‘Sliders’, donde los ‘héroes’ pasan de mundo a mundo, se inspiró en esta idea lo mismo que Philip Pullman en su trilogía.

“Este mundo, como todos los demás universos, nació del resultado de las probabilidades”, explicaba Lord Asriel a Lyra, la joven heroína de ‘La materia oscura’, evocando las partículas elementales.

“En un momento dado, varias cosas son posibles y, al instante siguiente, sólo una se produce y el resto no existe. Salvo que otros mundos nazcan, en los cuales se producirán otras cosas”.

Fuente:   http://www.laflecha.net/canales/ciencia/noticias/la-idea-de-los-universos-paralelos-atrae-a-los-cientificos

Nota del Blog: Sugiero leer el Artículo: ´´Matemáticos demuestran que los universos paralelos existen realmente¨ en la Categoría: Universos Paralelos de este mismo Blog, en la columna a la derecha de su monitor.

Gracias.

Marcial Candioti























Universos Paralelos – Sobre la Teoría de Las Cuerdas.

¿Reposa el mundo sobre una cuerda?

Majestad y miseria de la Teoría de Cuerdas

Quizá alguien pudo pensar que cuando Frank Sinatra hace unos años cantaba que “sostenía el mundo sobre una cuerda”, apoyaba una de los proyectos teóricos más importantes de la física de los últimos veinte años del siglo XX. Lo más probable es que Sinatra no conociera la existencia de la teoría de cuerdas. Sin embargo, sí es un hecho que la doctrina políticamente correcta de las últimas décadas ha creído que nuestro mundo, en efecto, se sostiene en unos eventos primordiales que conocemos como “cuerdas” o “supercuerdas”. Sin embargo, una ola de recientes críticas a estos complejos supuestos teóricos, nos obliga a preguntarnos, ¿ha comenzado ya la decadencia de la “teoría de supercuerdas”? Por Guillermo Armengol.

Un artículo de Glenn Statile en The Global Spiral nos ofrece la ocasión de plantear un tema de actualidad científica que esconde la discusión de fondo sobre la tendencia de la física teórica en los próximos años.

Es evidente que la teoría de cuerdas ha representado en los últimos treinta años una aventura científica extraordinaria que muestra algo que ya era claro para los epistemólogos de la ciencia: que ésta no consiste sólo en experimentos sino en construcción de teorías. La teorización es no sólo legítima, sino esencial e insustituible en la ciencia.

El cansancio hacia la teoría de cuerdas se debe, ante todo, a la dificultad en hallar evidencias empíricas que permitan someterla a prueba, de acuerdo con los métodos experimentales ordinarios de la ciencia. Pero, en todo caso, pensamos que debemos defender – y esta es al parecer la posición que sostiene también Glenn Statile – la legitimidad y necesidad no sólo científica, sino incluso metafísica de una especulación teorética (u otra similar) del orden de lo que ha sido la Teoría de cuerdas.

Majestad y miseria

Glenn Statile pertenece a la St. John’ University de Nueva York. Su campo de especialización es la historia y filosofía de la ciencia; en esta perspectiva se ha introducido en la reflexión sobre relaciones entre la ciencia y la religión, entrando en contacto con el Metanexus Institute for Science and Religion de Philadelphia, editor de The Global Spiral.

En su reciente artículo The Majesty and Misery of String Theory, Statile se hace eco de las recientes críticas a la teoría de cuerdas pero defiende la posición de que, más allá de estas críticas, por descontado respetables, esta teoría es legítima, aunque quizá por su falta de falsabilidad experimental pueda considerarse la conveniencia o no de llamarla científica.

En nuestra opinión, la especulación teórica forma parte intrínseca de la ciencia, ya que ésta no es sólo investigación puramente empírica. Primero, no tenemos pruebas de que la teoría de cuerdas no sea en último término correcta y en el futuro en alguna manera constatable. Segundo, plantearse un proyecto del orden de la teoría de cuerdas es necesario para la ciencia y su importancia va incluso más allá de lo científico para proyectarse también sobre lo metafísico y lo religioso.

En nuestra opinión, la opinión de Statile es matizada, permite acceder al problema de fondo que hoy se plantea y es digna de comentario, aunque en algunos aspectos deba ser también discutida. Nosotros creemos que, en efecto, la teoría de cuerdas ha nacido de una necesidad teorética de la ciencia. Las preguntas que la han hecho nacer tienen sentido; pero si se llega a considerarla una respuesta inviable, sería necesario especular sobre las alternativas de repuesto. Sería muy difícil que esas nuevas alternativas – u otros campos de la física – no hicieran uso, en alguna manera, de una parte sustancial de la especulación producida en teoría de supercuerdas (sobre todo matemática) que, en este sentido, no habría resultado históricamente inútil.

Ciencia real o ciencia ficción

Para Statile es quizá una actitud excesivamente crítica y poco elegante decir hoy que la teoría de cuerdas es una teoría desorientada que camina hacia no se sabe donde. Es verdad que podría ser un cuento desmesurado con un complicado argumento matemático ya casi inasequible. Pero podría ser también un intento justificado por hallar la esencia de la realidad material en sus niveles más profundos y primigenios; es decir, los bloques básicos de la naturaleza en su proceso germinal primigenio. Un intento, en definitiva, de proponer una teoría sobre aquellos eventos primordiales que sucedieron en dimensiones microfísicas mucho más allá de la era de Plank; es decir, en aquellos niveles en que la realidad nace como vibraciones primigenias que hubieran producido más adelante las primeras formas corpuscular-ondulatorias ya en alguna manera detectables en el mundo asequible a la investigación científica ordinaria, respaldada por evidencias empíricas controlables.

Por otra parte, las hipótesis y conjeturas primordiales de la teoría de cuerdas – o mejor, el conjunto de diferentes teorías de cuerdas existentes – han conducido a establecer complejas propuestas teóricas sobre las variables y dimensiones que serían necesarias para describir este nacimiento y evolución de las vibraciones primordiales.

Al atribuir valores cuantitativos a esta compleja estructura de dimensiones físicas, concebidas teóricamente, la teoría de cuerdas ha conducido a extenderse hacia la llamada Magic-Theory (teoría M) en que se unificarían todas las teorías y se especularía, para muchos exóticamente y más allá del sentido común, con la existencia paralela de múltiples universos causalmente separados y aislados del nuestro. Es sabido que la actual teoría de multiversos tiene en su referencia a la teoría de cuerdas uno de sus apoyos especulativos más firmes. Sin embargo, para muchos se ha ido cayendo en una especulación desmedida y pintoresca que nos introduce en la imaginación de “mundos inverosímiles” cuya existencia es difícil de aceptar.

De esta manera, sin esperanzas de hallar comprobaciones empíricas y en deriva hacia ese derrotero especulativo hacia “mundos inverosímiles”, la teoría de cuerdas, después de treinta años de esforzado trabajo y de imponer la ley de lo “políticamente correcto”, parece haber entrado en una nueva situación en que “le crecen los enanos por todas partes”. Algunos creen que David Hume hubiera recomendado que la teoría de cuerdas fuera arrojada a las llamas, junto con otros dudosos y excesivamente teatrales Ídolos de la razón (mind).

“Podemos aventurarnos a decir, afirma Statile, que la teoría de cuerdas es al mismo tiempo miserable y majestuosa como teoría de la realidad material”. Miserable, en el sentido de llena de deficiencias, por su falta de confirmación experimental y por su imaginación desbordada que roza para muchos la frontera hacia lo inverosímil. Majestuosa por su impresionante ambición de constituir una reconstrucción racional completa de la génesis de la realidad material. Pero para Statile esta majestuosidad podría tener, más allá de lo científico, incluso una proyección metafísica más profunda.

“Si la teoría de cuerdas fuera en alguna manera capaz superar sus muchos problemas, entonces para los creyentes religiosos su verdadera majestuosidad consistiría no meramente en su capacidad explicativa en relación a la realidad material, ni en su exitosa unificación de todas las fuerzas naturales incluyendo la gravedad, sino en que podría constituir posiblemente una profunda señal material hacia una realidad que no es de este mundo. Sin embargo, aun sabiendo que la teoría de cuerdas puede ofrecer soluciones científicas a problemas científicos, todos sabemos también que ninguna teoría puramente científica puede nunca ofrecer nada que se acerque a un sólido fundamento metafísico”. Statile entiende, pues, que la reflexión que lleva la teoría de cuerdas hacia la metafísica no es ciencia sino filosofía.

Para Statile, por tanto, está claro que la teoría de cuerdas por sí misma no permite extraer consecuencias metafísicas que pertenecen a otro tipo de discurso. Las consideraciones de Statile, que expondremos más adelante, se internan en esa reflexión que, más allá de lo puramente científico, se introduce en lo metafísico y lo religioso.

“Mi intención en este ensayo es la de mediar entre ambas caras de la moneda de la teoría de cuerdas, la miserable y la de su posibilidad de ser majestuosa. Primeramente tomaré partido por aquellos que mantienen que la teoría de cuerdas no merece el status de una teoría científica, pero, en segundo lugar, pondré en consideración las credenciales de la teoría de cuerdas en relación con el ámbito de la religión”.

Cuando la matemática se enmascara de ciencia

Edward Witten fue uno de los grandes maestros de la revolución de las cuerdas en sus primeros tiempos. Hace ya veinte años hizo la sugerencia de que la teoría de cuerdas era futurista, viéndola como una especulación del siglo XXI que accidentalmente trataba de gestionar su entrada en la ciencia a destiempo. Ni siquiera la matemática necesaria para la teoría de cuerdas había sido inventada en el tiempo de su nacimiento. Nació además de forma muy distinta a la teoría de la relatividad, sin una idea clara del modelo de realidad que debía describir matemáticamente.

“Mientras que Einstein aplicó la geometría no-euclídea de Riemann para dar expresión a su intuición previa de una equivalencia física entre aceleración y gravedad, la teoría de cuerdas fue introducida como una teoría matemática todavía en busca de una intuición física análoga a la que había guiado a Einstein”, nos dice Statile.

La matemática es ciertamente un poderoso instrumento para la descripción del mundo. Pero una cosa es la matemática, otra el mundo físico y otra la capacidad de la matemática para modelizarlo. “En el caso de la teoría de cuerdas el escepticismo surge muy pronto para todo aquel que busca corroborar los fantasmas intoxicadores de la imaginación matemática”, nos dice Statile.

La teoría de cuerdas y sus críticos

Debemos recordar el dicho de que la ausencia de evidencia no es evidencia de la ausencia. Así, la teoría de cuerdas no es refutada simplemente por el hecho de que sus predicciones no hayan sido confirmadas por la ciencia experimental. Sin embargo, cosa que no pasaba tiempo atrás, la creciente lista de sus críticos es hoy impresionante.

El premio Nobel Sheldon Glashow habló contra “lo que vió como ´mágicas coincidencias´ y ´milagrosas supresiones´ que toman forma en la teoría de cuerdas y que la hacen parecer como si la matemática y la estética suplantaran y trascendieran el experimento”. “Lawrence Krauss de la Case Western Reserve University de Cleveland se refiere a la teoría de cuerdas como un ´colosal error´.

El reciente libro de Lee Smolin titulado The Trouble with Physics: The Rise of String Theory, The Fall of a Science, and What Comes Next puede servir como antídoto a los muchos libros y artículos de los últimos años han servido una dieta continua de ideas prometedoras todavía incumplidas, dirigidas por ahora a un público científico aturdido de tanto oir hablar de las cuerdas. Pero ha sido quizá el conocido enfant terrible de la física, Richard Feyman, el más impactante de todos en su denuncia de las deficiencias empíricas de la teoría de cuerdas al indicar que ´los teóricos de cuerdas no hacen predicciones, sólo ofrecen excusas´”.

Murray Gell-Mann se refirió a la teoría de cuerdas como una mostruosidad matemática en la forma de un self abuse, aunque es verdad que en otras ocasiones fue más conciliador. La teórica de partículas de Harvard Lisa Randall, al igual que Leonard Susskind, han ido también muy recientemente severos críticos de la teoría de cuerdas. Frente a la situación que, en los últimos años, ha venido imponiendo en ámbitos universitarios y de investigación el dogma “políticamente correcto” de la teoría de cuerdas, es hoy creciente el número de científicos de primera línea – sin olvidar a Penrose – que han expuesto y siguen exponiendo sus objeciones rigurosas a la teoría.

Ni siquiera como pura concepción matemática está la teoría de cuerdas libre de problemas. Su complejidad matemática la reduce a una búsqueda de soluciones aproximadas a ecuaciones aproximadas. Una teoría que permite múltiples versiones que llevan además a más de 10500 soluciones alternativas posibles debe enfrentarse ciertamente con el principio taxativo de la navaja de Ockam. Esto ha llevado a la necesidad de unificar y concebir una macroteoría de cuerdas, la Magic Theory (teoría M), no menos fantástica, de la que las múltiples versiones de la teoría de cuerdas podrían derivarse.

Múltiples universos serían posibles. El nuestro sería sólo la realización de una de estas posibilidades; pero no el único universo puesto que se postularía la existencia de un cuasi-infinito número de universos paralelos. La viabilidad real de probar esta cadena de supuestos altamente imaginativos son en la práctica imposibles de alcanzar. No sólo ahora, sino también en el futuro. Ni siquiera en los proyectos europeos para la experimentación en colisión de partículas (CERN) queda claro lo que se podría constatar, cómo se debería interpretar y si en realidad constituiría una evidencia indirecta de la teoría de cuerdas.

Como Lee Smolin ha observado, la astronomía tolemaica produjo en su tiempo importantes avances en matemáticas y en el diseño de instrumentos astronómicos. Sin embargo, estos avances no bastaron para convencernos de la conformidad entre la teoría y la naturaleza; la teoría tolemaica, en efecto, acabó mostrándose como incorrecta. La teoría de cuerdas ha producido igualmente avances matemáticos incuestionables, aplicados en diversas ramas de la física. Pero esto no es ninguna garantía de que la imagen de la realidad física que nos ofrece, o sea, la teoría en su conjunto, acaben por confirmarse como correctos. La teoría de cuerdas podría desaparecer como desapareció la teoría tolemaica. En la actualidad no hay evidencia de que la teoría de cuerdas sea falsa, pero tampoco hay evidencia de que describa correctamente la realidad. ¿No sería mejor dejar que la teoría de cuerdas muriera con dignidad, manteniendo su status como especulación de alto nivel, para situar la ciencia con realismo en el marco de lo verificable?

Teoría de cuerdas, metafísica, teísmo

Teorías científicas de la ambición de la teoría-del-todo (Theories of Everything) o de la teoría de cuerdas (que en el fondo es también una teoría del todo) llevan el conocimiento humano a las fronteras del conocimiento natural. En ellas se especula con el nacimiento mismo de la realidad física, ya en sus fronteras ontológicas con lo absoluto, la ultimidad metafísica y la posible existencia en esa dimensión trascendente que se afirma en el pensamiento teísta.

Para Statile, “la teoría de cuerdas tiene la fuerza de llevarnos al momento en que lo natural y lo sobrenatural o bien entran en contacto, o bien se refuerzan uno a otro. Para la gente religiosa la teoría de cuerdas, en caso de que fuera ciencia de bona fide y últimamente correcta, no puede ser anatema para la religión. Como Ralph Waldo Emerson señala: la religión que teme a la ciencia es un insulto a Dios y comete suicidio”.

Gerald Clever de la Baylor University, importante teórico de cuerdas, escribe que “la teoría de cuerdas, si es correcta, nos enfrenta con los trazos de la obra de Dios en la creación. Más que la música de las esferas, toda la creación está literalmente compuesta por la música de las cuerdas”. Clever nos describe así la majestuosidad “teísta” de la teoría de cuerdas.

Leonard Susskind, uno de los arquitectos iniciales de la teoría de cuerdas, se ha convertido también en defensor de una nueva evocación del Principio Antrópico fundado en la teoría de cuerdas. ¿Significa esto que un diseño teleológico, obra de un desconocido Autor, debiera inscribirse en la fábrica del universo? “Para Susskind, nos dice Statile, el mecanismo conocido como inflación incesante, que representa una reproducción exponencial del espacio que engendra universos nacientes, unido al pleno desarrollo de la Magic Theory, no sólo permite sino incluso exige un horizonte consistente en un indescribible, pero finito, número de universos en los que la probabilidad impone que el surgimiento de un universo apto para producir vida inteligente sea prácticamente igual a 1”.

Para Statile la posición de Susskind es probablemente “antrópica” sólo en el nombre. “Sin embargo, apunta la necesidad teísta de permitir la posible existencia de muchos más niveles intermedios de causas eficientes que los descubiertos hasta ahora, si se intenta dar cuenta del ajuste preciso de varias constantes y otros parámetros físicos situados entre nuestra realidad cósmica presente y su primigenio origen causal”.

Susskind pensaría, pues, que el diseño del universo supondría el diseño de un proceso más amplio de multiuniversos que acabaría produciendo el preciso ajuste de nuestro universo real apto para la vida. El diseño de un universo antrópico por Dios implicaría así el diseño de un proceso generador de multiuniversos. Sin embargo, la pregunta que parece quedar planteada por Statile es si ese universo singular situado en un horizonte de multiuniversos necesitaría un diseño en sentido teísta. Por esto considera Statile que el análisis de Susskind podría ser “antrópico” sólo de nombre.

Statile considera que hay otra forma de conectar la teoría de cuerdas con la metafísica teísta: es la consideración de que las cuerdas no son “cosas materiales”. Las partículas materiales resultan de la vibración de las cuerdas. Pero para los teóricos de cuerdas, éstas no son partículas puntuales; por tanto, para Statile es fácil concluir que deben ser algún tipo de componentes esenciales, pero en ningún caso materiales, del universo.

Así Gerald Clever entiende también las cuerdas como pura energía. Para Michio Aku la materia, siguiendo a Einstein, sería una condensación de energía. La equivalencia materia-energía no debería ser entendida, pues, como una equivalencia cualitativa. Statile cree poder citar a Brian Green para decir que las cuerdas energéticas serían fundamentales para la materia pero no serían ellas mismas “materiales”.

Statile recuerda finalmente que los filósofos presocráticos aportaron ya la idea de que la materialidad no es suficiente para explicar la existencia del mundo material. “La primera crítica filosófica seria del materialismo fue por descontado Anaximandro que sostuvo que el Apeiron inmaterial era la última fuente de la realidad material.

Incluso los mismos ultra-materialistas filósofos atomistas debían suponer la existencia de un vacío real, aunque inmaterial, en el que los átomos podían tener marco suficiente en el que colisionar”. “En obras como Philosophical Problems of Quantum Physics y Physics and Philosophy Werner Heisenberg insistió en documentar sus dudas sobre el carácter material de las partículas elementales. La teoría de cuerdas, por tanto, pone de manifiesto el error de la creencia fundamentalista del materialismo acerca de que nada existe fuera de la materia y de sus diversas manifestaciones. Hace años que Gilbert Ryle intentó argüir a favor del materialismo al negar el supuesto de un fantasma en la máquina.

Si la teoría de cuerdas prevaleciera eventualmente, entonces esta negación podría mostrarse como falsa, no precisamente porque no haya ningún fantasma, sino porque, en último término, no habría ninguna máquina”.

Precisando algunos conceptos

Las reflexiones de Statile se hacen eco, en efecto, de la actual discusión sobre la teoría de cuerdas. Son un buen hilo conductor para entender cuáles son los problemas que hoy afectan a una teoría tan compleja. Sin embargo, la dificultad misma de valorarla y emitir un dictamen crítico, así como las opiniones de Statile, nos llevan a concluir con algunas observaciones.

1) La ciencia debe explicar, o sea, conocer las causas que han llevado al universo físico de nuestra experiencia. Se ha explicado hasta ahora por teorías no unificadas como la relativista y la cuántica. Si los supuestos considerados en el “modelo cosmológico estándar” sobre la naturaleza del big bang (fundados en una argumentación empírica y contrastables en alguna manera) no bastan para explicar cómo nació el universo (armonizando lo relativista y lo cuántico) la ciencia debe especular y establecer hipótesis sobre la génesis de un universo cuántico-relativista. La dificultad en constrastar hipótesis tan especulativas no les quita legitimidad como ciencia teórica. Si el macroconstructo especulativo-teórico de la teoría de cuerdas no gustara (quizá por su dificilísima –o imposible – contrastabilidad, por su intrínseca complejidad, o por sus supuestos inverosímiles), habría que buscarle alternativas mejor construidas y, sobre todo, más simples (twistors de Penrose, loop quantum gravity, u otras que puedan proponerse).

2) No creemos apropiada la argumentación de Statile cuando dice que las cuerdas nos llevarían a una realidad que no es de este mundo, o que las cuerdas no son cosas materiales. Ya en la física de principios de siglo XX estaba claro que la realidad física se manifestaba de dos maneras: como cuerpos (digamos “materia”) y radiación (fenómenos de campo, calor, electromagnetismo, luz). Ambos fenómenos, que la mecánica cuántica unificó en la dualidad corpúsculo-onda, forman parte de este mundo y de la realidad física. La radiación, aunque no sea “cuerpo material”, puede encapsularse y producir partículas-cuerpos (así sucede en los instantes posteriores al big bang, tal como reconstruye el modelo cosmológico estándar). Creemos que esto mismo debería aplicarse a las hipotéticas supercuerdas. La vibración, incluso en los germinales supuestos de la teoría de cuerdas, sería materializable y formaría parte de los constituyentes reales de este mundo físico. Otra cosa es que los fenómenos de campo, como la “coherencia cuántica”, se consideren hoy más aptos para explicar la naturaleza del psiquismo. Pero el psiquismo sería “de este mundo” y tendría propiedades derivadas de la ontología de la “materia” corpuscular-ondulatoria “de este mundo”.

3) Parece correcto advertir que al entender el universo a partir de ciertos eventos vibratorios (no corpusculares), bien en la teoría de cuerdas o en la teoría cuántica ordinaria, se contempla su génesis y su disolución. Al estar construida la estructura consistente del universo sobre esta estructura finísima de eventos inconsistentes (que en su orden primigenio más pequeño serían las cuerdas) parece necesario que la teoría necesite un “fondo de referencia” (del que brotan y en el que se diluyen) estas vibraciones en un campo que van construyendo el universo ordenado. Este “fondo o campo físico real” se ha entendido bajo las más variadas formas conceptuales: ápeiron (Anaximandro, que menciona Statile), vacío cuántico, fondo de energía, éter, espacio, orden implícito, etc. Este fondo se conceptua como realidad física, material en germen (porque genera las vibraciones que producen la materia fermiónica del mundo diferenciado y estable de los cuerpos), y pertenece para la ciencia física a “este mundo”. Pero es comprensible que, la argumentación filosófica teísta (no científica) relacione e interprete esta ontología física “de fondo” con la ontología divina. En este sentido es comprensible que la nueva ontología de la física haga al pensamiento teísta más verosímil la existencia de esa realidad fundante trascendente e inmanente (panentenísta) que llamamos “Dios”.

4) Si la teoría de cuerdas acabara por confirmarse y debiéramos pensar que el universo de ha formado a partir de un fondo físico en el que han ido produciéndose alteraciones vibratorias que han dado origen puntual a indefinibles multiuniversos (universos burbuja), esta concepción de las cosas sería también conciliable con un pensamiento teísta, aunque es claro que la hipótesis ateísta sería también obviamente posible. La física entendería, en el ateísmo, que ese “fondo de energía” del que brotan los multiuniversos sería pura “realidad física”. Pero el teísmo, pues, podría entender alternativamente, dentro de su interpretación, que el diseño que conduce al hombre es el diseño “antrópico” de la producción de multiuniversos, tal como parece concebir Susskind. Pero si la realidad física fuera en efecto obra de una Divinidad creadora siempre parecería más fácil, aplicando el criterio de la navaja de Ockam, que Dios hubiera creado un universo único cuyas constantes y variables respondieran por diseño al ajuste preciso necesario para producir un universo antrópico que produce al hombre (o sea, el nuestro). Sin embargo, aunque el universo creado fuera único en realidad, sin embargo, el hombre racional desde el interior de ese universo, podría concebir hipotética y especulativamente la existencia posible de multiuniversos (cuya existencia real nunca llegaría a probarse porque en realidad no existen).

Guillermo Armengol es miembro de la Cátedra CTR, Escuela Técnica Superior de Ingeniería de la Universidad Comillas.

Viernes 21 Diciembre 2007
Guillermo Armengol
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Fuente: http://www.tendencias21.net/�Reposa-el-mundo-sobre-una-cuerda-_a1984.html

Links en Español en el Artículo original:

Teoría de las Cuerdas:  http://es.wikipedia.org/wiki/Teoría_de_cuerdas

Cátedra CTR: http://www.upcomillas.es/webcorporativo/Centros/catedras/ctr/

Nota del Blog:

Para ir a Links directos en idioma ingles, – Links que se encuentran en la nota original – sugiero ir a ella, cuyo enlace directo se encuentra arriba, en Fuente:

Este enlace No funciona: Teoría de las Cuerdas: http://es.wikipedia.org/wiki/Teoría_de_cuerdas. Sin embargo, si copian y pegan en su explorador el Link, llegan sin inconvenientes. 

Gracias.

Marcial Candioti.


















Matemáticos demuestran que los universos paralelos existen realmente

A pesar de la frecuencia con la que aparecen en novelas y películas de ciencia ficción, los universos paralelos no eran, hasta ahora, más que una especulación científica. Sin embargo, matemáticos de la Universidad de Oxford han demostrado que existen en realidad. Los universos paralelos existen. Así de contundentes son los resultados del último estudio efectuado por científicos de la Universidad de Oxford, en el que demuestran matemáticamente que el concepto de estructura de árbol de nuestro universo es real. Esta propiedad del universo es la que sirve de base para crear nuestra realidad.

La teoría de los universos paralelos fue propuesta por primera vez en 1950 por el físico estadounidense Hugh Everett, en la que intentaba explicar los misterios de la mecánica cuántica que resultaban completamente desconcertantes para los científicos. Expresado de una manera muy simplificada, lo que propuso Everett fue que cada vez que se explora una nueva posibilidad física, el universo se divide. Para cada alternativa posible se “crea” un universo propio.

Un ejemplo puede ayudarnos a entender este concepto: imaginemos que un peatón escapa por poco de ser atropellado por un coche. Este evento tiene lugar en un universo, pero en otro puede haber resultado atropellado y estar recuperándose en un hospital. Y en un tercero, puede haber muerto. El número de posibilidades es infinito.

Este concepto resultaba muy extraño para los científicos, quienes generalmente lo descartaban considerándola una fantasía. Por supuesto, los escritores de ciencia ficción aprovecharon esta idea para crear numerosas historias. Sin embargo, las nuevas investigaciones realizadas en Oxford demuestran que los universos alternativos son matemática posibles, y que el Dr. Everett, que no era más que un estudiante en la Universidad de Princeton en el momento que propuso su teoría, podría estar en lo cierto.

El descubrimiento ha sido descripto por uno de los científicos como “uno de los desarrollos más importantes en la historia de la ciencia”, en declaraciones efectuadas a la revista New Scientist.

Concretamente, el equipo dirigido por el Dr. David Deutsch, demostró matemáticamente que la estructura del universo contiene infinitas bifurcaciones creadas al dividirse en versiones paralelas de sí mismo, que pueden explicar la naturaleza probabilística de los resultados cuánticos. Gráficamente, la línea de tiempo del universo podría verse como si fuese un árbol infinitamente grande.

La mecánica cuántica predice que una partícula no existe realmente hasta que sea observado. Hasta entonces, las partículas ocupan una nebulosa de estados “superpuestos” al mismo tiempo.

El hecho de ser observadas “fuerzan” a la partícula a adoptar un estado particular de realidad, de la misma manera que una moneda girando en el aire solo muestra “cara” o “cruz” una vez que se detiene. Según la teoría de los universos paralelos, cada decisión de este tipo generaría un nuevo universo por cada uno de los posibles resultados.

Como otros tantos conceptos relacionados con la mecánica cuántica, la teoría de los universos paralelos puede resultar bastante difícil de comprender, sin embargo, si puede demostrarse matemáticamente, tal como se ha hecho en Oxford, es muy posible que la teoría sea correcta.

Fuente: http://www.neoteo.com/tabid/54/ID/4429/Title/Matematicos_demuestran_que_los_universos_paralelos_existen_realmente/Default.aspx

 

 Nota del Blog:

 

Sé perfectamente que estós temas lamentablemente interesan a pocas personas, publicarlos en realidad, significan que ingresen menos personas al Blog, en un par de centurias, seguramente serán de los Post mas vistos. El problema de estar adelantados en el tiempo. La historia demuestra que siempre sucedió, sucede y sucederá.


Esta es una de dos notas sobre el tema.


Es la más antigua y extensa, por ello la publico como Artículo anterior.

 

El vocablo ´´antiguo´´ para la Ciencia y sobre todo para la Física Cuántica es bastante ridículo, en cuanto a que el tiempo es un medida humana, y que esta nota sea del 2003, en el cuadro del tiempo es como que se acaba de terminar de escribir , y falta inclusive el último punto.



Me permito sugerirles, que como es muy larga, la copien y peguen en Word, y la lean cuando dispongan de tiempo y ganas.


Marcial Candioti.



UNIVERSOS PARALELOS



consecuencia directa de observaciones cosmológicas



por: MAX TEGMARK



Scientific American, Mayo de 2003




No sólo un producto de la ciencia ficción



No son sólo un producto de la ciencia ficción: los otros universos son consecuencia directa de las observaciones cosmológicas .





Una de las muchas consecuencias de las recientes observaciones cosmológicas es que el concepto de los universos paralelos no es una mera metáfora. El espacio parece tener un tamaño infinito. Si es así, entonces en alguna parte allá afuera, cualquier cosa posible se convierte en real, sin importar cuán improbable sea. Más allá del alcance de nuestros telescopios hay otras regiones del espacio que son idénticas a las nuestras. Esas regiones son un tipo de universo paralelo. Los científicos pueden incluso calcular qué tan lejos están estos universos, en promedio.





Y eso es física bastante sólida. Cuando los cosmólogos consideran teorías que están menos establecidas, concluyen que otros universos pueden tener propiedades y leyes de la física totalmente distintas. La presencia de tales universos explicaría varios aspectos extraños del nuestro. Incluso podría responder preguntas fundamentales acerca de la naturaleza del tiempo y del mundo físico.





¿Habrá una copia de usted leyendo este artículo? ¿Alguien que no es usted, pero vive en un planeta llamado Tierra, con brumosas montañas, fértiles campos y extensas ciudades, en un sistema solar con ocho planetas más? La vida de esa persona ha sido, en todos aspectos, idéntica a la suya. Pero quizá decida ya no leer este artículo, mientras usted sigue leyendo.





La idea del alter ego es rara y poco plausible. Pero vamos a tener que aceptarla, pues las observaciones astronómicas la apoyan. El modelo más sencillo y popular predice que usted tiene un gemelo en una galaxia ubicada a 10 a la 1028 metros de aquí. Es una distancia tan enorme que excede la escala astronómica, pero eso no le resta realidad a su doppelgänger La estimación se deriva de la teoría elemental de las probabilidades, y ni siquiera se basa en la física especulativa moderna, que sólo postula que el espacio es infinito (o al menos suficientemente grande) y que está, según las observaciones, casi uniformemente poblado de materia. En el espacio infinito tienen lugar incluso los eventos más improbables. Hay infinidad de planetas habitados, de los cuales no uno, sino muchos contienen personas con la misma apariencia, nombre y recuerdos de usted, viviendo todas las variantes posibles de las elecciones de su vida.





Probablemente no verá jamás a sus otros yoes. Lo más lejano que puede usted observar está a la distancia que la luz ha podido recorrer durante los 14.000 millones de años transcurridos desde que comenzó la expansión del Big Bang. Los objetos visibles más distantes se encuentran hoy a unos 4 x 1026 metros de nosotros, una distancia que define nuestro universo observable, llamado también volumen de Hubble o simplemente nuestro universo. Los universos de sus otros yoes son esferas del mismo tamaño, centradas en sus planetas. Son el ejemplo más sencillo de universos paralelos, donde cada uno es apenas una pequeña parte de un “multiverso” más amplio.





Con esta definición del “Universo” esperaríamos que la idea de multiverso pertenezca eternamente al reino de la metafísica. Pero la frontera entre la física y la metafísica se define por la posibilidad o imposibilidad de comprobar experimentalmente una teoría, no por el hecho de que algo parezca inverosímil o implique entidades no observables. Las fronteras de la física se han ido expandiendo para incorporar cada vez más conceptos abstractos y otrora metafísicos, como la redondez de la Tierra, los invisibles campos electromagnéticos, la ralentización del tiempo a velocidades elevadas, las superposiciones cuánticas, la curvatura del espacio y los agujeros negros. En los últimos años se agregó a esta lista el concepto del multiverso. Está cimentado en teorías bien comprobadas, como la relatividad y la mecánica cuántica, y cumple los dos criterios básicos de una ciencia empírica: se hacen predicciones con base en él y es falsable. Los científicos han descrito hasta cuatro tipos diferentes de universos paralelos. La pregunta no es si hay multiverso, sino cuántos niveles tiene.





¿Qué tan lejos hay un universo duplicado?





Multiverso Nivel I





El tipo más simple de universo paralelo es simplemente una región del espacio que está demasiado lejos de nosotros como para haber sido vista todavía. Lo más lejos que podemos observar es por lo general alrededor de 4 x 1026 metros, o 42.000 millones de años-luz, la distancia que la luz ha sido capaz de viajar desde que comenzó el Big Bang. (La distancia es mayor a 14.000 millones de años-luz porque la expansión cósmica ha alargado las distancias). Cada uno de los univeros paralelos Nivel I es básicamente igual al nuestro. Todas las diferencias provienen de variaciones en el arreglo inicial de la materia.





Nivel I: Más allá de nuestro horizonte cósmico





LOS UNIVERSOS PARALELOS de sus otros yoes constituyen el multiverso Nivel I. Se trata del tipo menos controvertido. Todos aceptamos la existencia de cosas que no podemos ver, pero que podríamos ver al desplazarnos a un punto distinto de observación o sencillamente al esperarlas como a un barco que aparecerá en el horizonte. La condición de los objetos más allá del horizonte cósmico es similar. El universo observable crece anualmente un año-luz, durante el cual ésta, cada vez más lejana, cumple su plazo para llegar aquí. El infinito está allá afuera, esperando que lo podamos ver. Usted seguramente habrá muerto antes de que aparezcan sus alter egos, pero en principio, y si la expansión del cosmos coopera, tal vez sus descendientes remotos puedan observarlos con un telescopio suficientemente poderoso.





Por decir lo menos, el multiverso Nivel I parecería muy obvio. ¿Cómo podría el universo no ser infinito? ¿Habrá un rótulo por allí que diga “AQUÍ ACABA EL ESPACIO – CUIDADO CON LA ZANJA”? En tal caso, ¿qué hay más allá? La teoría de la gravedad de Einstein cuestiona esta intuición. El espacio podría ser finito si tuviera una curvatura convexa o una topología poco usual (es decir, interconectada). Un universo esférico, toroide (en forma de dona) o de cilindro anudado de diversas maneras tendría un volumen con límites pero sin bordes. El fondo cósmico de microondas permite hacer pruebas de tales posibilidades (véase Jean-Pierre Luminet, Glenn D. Starkman y Jeffrey R. Weeks, “Is Space Finite?”; Scientific American, abril de 1999). Hasta ahora, sin embargo, las evidencias van en contra. Incontables modelos se ajustan a las observaciones, y les han impuesto severos límites a otras alternativas.





Datos cosmológicos apoyan la idea de que el espacio continúa más allá de los confines de nuestro universo observable. El satélite WMAP midió recientemente las fluctuaciones del fondo de microondas . Las fluctuaciones más grandes están a sólo medio grado por encima, lo que significa —después de aplicar las reglas de la geometría— que el espacio es muy grande o infinito . (Una advertencia: algunos cosmólogos especulan que el punto de discrepancia a la izquierda del gráfico es evidencia de un volumen finito). Además, WMAP y el 2dF Galaxy Redshift Survey ha encontrado que el espacio en grandes escalas está lleno con materia uniformemente (derecha), significando que otros universos deberían parecerse básicamente al nuestro.





Otra posibilidad es que el espacio sea infinito pero que la materia esté confinada en una región finita a nuestro alrededor: el histórico y popular modelo de los “universos islas”. En una variante de este modelo, la materia adelgaza a grandes escalas en un patrón fractal. En ambos casos, casi todos los universos del multiverso Nivel I estarían vacíos y muertos. Pero observaciones recientes de la distribución tridimensional de las galaxias y del fondo de microondas mostraron que la disposición de la materia da lugar a una aburrida uniformidad a grandes escalas, donde no hay estructuras coherentes mayores de unos 1024 metros. Suponiendo que el patrón continúe, el espacio más allá de nuestro universo observable bulle de galaxias, estrellas y planetas.





Los observadores que viven en universos paralelos experimentan las mismas leyes físicas que nosotros, pero con distintas condiciones iniciales. Según las teorías actuales, los procesos primordiales del Big Bang esparcieron la materia con cierta aleatoriedad, generando todos los arreglos posibles con probabilidad diferente de cero. Los cosmólogos asumen que nuestro universo, con su distribución de materia casi uniforme y sus fluctuaciones iniciales de densidad de una parte en 100.000, es bastante típico (cuando menos entre los que contienen observadores). Ese supuesto refuerza la estimación de que la copia idéntica a usted más cercana vive a 10 a la 1028 metros de aquí. A unos 10 a la 1092 metros, debería haber una esfera con un radio de 100 años-luz, idéntica a la que tiene su centro aquí, por lo que todas las percepciones que tengamos en el próximo siglo serán idénticas a las de nuestras contrapartes en ese sitio. Y a unos 10 a la 10118 metros, debería haber todo un volumen de Hubble idéntico al nuestro.





Las estimaciones anteriores son muy conservadoras, derivadas sólo de contar todos los posibles estados cuánticos que un volumen de Hubble puede contener si su temperatura no rebasa los 108 kelvins. Una manera de calcularlo es preguntándonos cuántos protones contendría un volumen de Hubble a esa temperatura. La respuesta es 10118 protones. Y cada una de esas partículas puede o no estar presente, lo que representa 2 a la 10118 posibles arreglos de protones. Una caja que contuviera ese número de volúmenes de Hubble agotaría todas las posibilidades. Si redondeamos, la caja tiene unos 10 a la 10118 metros de ancho. Más allá de esa caja, los universos, incluido el nuestro, comienzan a repetirse. Un número bastante similar se derivaría usando cálculos termodinámicos o cuántico-gravitatorios del total de información contenida en el Universo.





Es muy probable que su doppelgänger más cercano lo esté bastante más de lo que sugieren esas cifras, dados los procesos de formación planetaria y de evolución biológica que ponen las probabilidades a su favor. Los astrónomos sospechan que nuestro volumen de Hubble tiene cuando menos 1020 planetas habitables, y algunos bien podrían ser como la Tierra.





El marco de un multiverso Nivel I se usa rutinariamente para evaluar las teorías de la cosmología moderna, pero rara vez se enuncia explícitamente este proceso. Por ejemplo, veamos cómo utilizaron los cosmólogos el fondo de microondas para descartar una geometría esférica finita. Los puntos calientes y fríos de los mapas del fondo de microondas tienen un tamaño característico que depende de la curvatura del espacio, y los observados parecen ser demasiado pequeños para corresponder a una forma esférica. Pero es importante ser estadísticamente rigurosos. El tamaño promedio de los puntos varía aleatoriamente de un volumen de Hubble al siguiente, por lo que es posible que nuestro universo nos esté engañando: podría ser esférico, pero con puntos anormalmente pequeños. Cuando los cosmólogos afirman haber descartado el modelo esférico con una certidumbre del 99,9 por ciento, en realidad quieren decir que si este modelo fuera cierto, menos de uno de cada 1.000 volúmenes de Hubble presentaría puntos tan pequeños como los que observamos.





La lección es que la teoría de los multiversos puede ser probada y falsada pese a que no podamos ver los otros universos. La clave reside en predecir cuál es el conjunto de universos paralelos y especificar una distribución probabilística, o lo que los matemáticos llaman una “medida” para él. Nuestro universo debería surgir como uno de los más probables. En caso contrario (si, conforme a la teoría de los multiversos, vivimos en un universo improbable), la teoría estaría en graves problemas. Como explicaré más adelante, este problema de la medida puede convertirse en un gran desafío.





Nivel II: Otras burbujas de la post-inflación







Multiverso Nivel II





SI EL MULTIVERSO NIVEL I era enorme y difícil de concebir, trate de imaginar un conjunto infinito de multiversos Nivel 1 distintos y discretos, algunos quizá con distinta dimensionalidad espacio-temporal y diferentes constantes físicas. Esos otros multiversos, que constituyen un multiverso Nivel II, son predichos por la teoría ahora popular de la inflación caótica.





La inflación es una extensión de la teoría del Big Bang y ata muchos de sus cabos sueltos, como por qué el universo es tan grande, uniforme y plano. Un rápido estiramiento del espacio, ocurrido hace mucho tiempo, explicaría de una vez esos y muchos otros atributos (véase Alan H. Guth y Paul J. Steinhardt, “The Inflationary Universe”, Scientific American, mayo de 1984; y Andrei Linde, “The Self-Reproducing Inflationary Universe”, noviembre de 1994). El estiramiento es predicho por una amplia categoría de teorías sobre las partículas elementales, y toda la evidencia disponible lo confirma. El adjetivo “caótico” para la inflación se refiere a lo ocurrido en las escalas más grandes. El espacio en su totalidad se está estirando y continuará haciéndolo eternamente, pero algunas regiones del espacio dejan de crecer y forman burbujas definidas, como las de gas dentro de una hogaza de pan en el horno. Surge una cantidad infinita de estas burbujas. Cada una es un multiverso Nivel I incipiente: de tamaño infinito y lleno de materia depositada por el campo energético que impulsó la inflación.





Esas burbujas están más que infinitamente alejadas de la Tierra, en el sentido de que jamás las alcanzaría aunque viajase eternamente a la velocidad de la luz. La razón es que el espacio que hay entre nuestra burbuja y sus vecinas se está expandiendo a mayor velocidad que la que usted podría tener para atravesarlo. Sus descendientes no verán a sus doppelgängers en ningún lugar del Nivel II. Igualmente, si la expansión cósmica se está acelerando, como sugieren las observaciones actuales, quizá tampoco vean a sus otros yoes ni siquiera en el Nivel I.





El multiverso Nivel II es mucho más diverso que el Nivel I. Las burbujas varían no sólo en sus condiciones iniciales, sino en aspectos aparentemente inmutables de la Naturaleza. La idea predominante en la física actual es que la dimensionalidad del espacio-tiempo, las cualidades de las partículas elementales y muchas de las llamadas constantes físicas no son parte integral de las leyes físicas, sino que resultan de procesos conocidos como rupturas de la simetría. Por ejemplo, los científicos teóricos piensan que el espacio de nuestro universo tuvo alguna vez nueve dimensiones igual de importantes. Pronto en la historia del cosmos, tres de ellas contribuyeron a la expansión cósmica y se convirtieron en las tres que hoy observamos. Las otras seis son hoy inobservables, o porque permanecen microscópicas dentro de una topología toroide, o porque toda la materia está confinada en una superficie tridimensional (una “membrana”) dentro del espacio de nueve dimensiones.





Se rompió, entonces, la simetría original entre las dimensiones. Las fluctuaciones cuánticas que impulsan la inflación caótica podrían causar distintas rupturas de simetría en las diversas burbujas. Algunas podrían volverse tetradimensionales, otras contendrían sólo dos y no tres generaciones de quarks, y otras más tendrían una constante cosmológica más fuerte que la de nuestro universo.





El misterio de lo posible: ¿cuáles son las probabilidades?





Otra forma de producir un multiverso Nivel II podría ser a partir de un ciclo de nacimientos y destrucciones de universos. Esta idea fue presentada en la década de 1930 por el físico Richard C. Tolman y retrabajada recientemente por Paul J. Steinhardt de la Universidad de Princeton y Neil Turok de la Universidad de Cambridge. La propuesta de Steinhardt y Turok y otros modelos relacionados incluyen una segunda membrana tridimensional que es literalmente paralela a la nuestra, sólo que está desplazada a una dimensión más elevada (véase George Musser, “Been There, Done That”, Scientific American, marzo de 2002). Este universo paralelo no es realmente un universo aparte, ya que interactúa con el nuestro. Pero el conjunto de universos —pasados, presentes y futuros— que estas membranas generan formarían un multiverso, tal vez con una diversidad similar a la producida por la inflación caótica. Una idea propuesta por el físico Lee Smolin, del Perimeter Institute de Waterloo, Ontario (Canadá), incluye un multiverso más, similar en diversidad al del Nivel II pero que muta y genera nuevos universos a partir de agujeros negros y no tanto por la física de las membranas.





Si bien no podemos interactuar con otros universos paralelos del Nivel II, los cosmólogos pueden inferir indirectamente su presencia; su existencia resolvería ciertas coincidencias inexplicables de nuestro universo. Como analogía, suponga usted que se registra en un hotel, le asignan el cuarto 1967, que resulta ser su año de nacimiento. “¡Qué coincidencia!”, piensa usted. Pero meditándolo un poco, concluye que la cosa no es para tanto. El hotel tiene cientos de habitaciones, y no hubiera pensado en algo así si le hubieran asignado un número sin significado alguno para usted. La lección es que, incluso si usted no supiera nada sobre los hoteles, podría inferir la existencia de otros cuartos de hotel que explicaran la coincidencia.





Sería un ejemplo más pertinente considerar la masa de nuestro Sol. La masa de una estrella determina su luminosidad, y es posible calcular con la física básica que la vida, tal como la conocemos en la Tierra, sólo es posible si la masa del Sol está dentro de un intervalo de entre 1,6 x 1030 y 2,4 x 1030 kilogramos. De otro modo, el clima de la Tierra sería más frío que el actual de Marte o más caliente que el de Venus. La masa medida del Sol es de 2,0 x 1030 kilogramos. A primera vista, esta aparente coincidencia entre los valores de la masa “habitable” y la masa observada parece ser una gran suerte. Las masas estelares van de los 1029 a los 1032 kilogramos, así que si el Sol adquirió su masa por azar, tenía apenas una ligera posibilidad de caer dentro del intervalo que posibilita la vida. Pero al igual que con el ejemplo del hotel, se puede explicar esa aparente coincidencia postulando un conjunto (en este caso, de sistemas planetarios) y un efecto de selección (el hecho de que tenemos que encontrarnos viviendo en un planeta habitable). Estos efectos de selección relacionados con el observador se denominan “antrópicos”, y aunque este vocablo despierta grandes controversias, los físicos están de acuerdo, en general, en que estos efectos de selección no deben ignorarse cuando se prueban teorías fundamentales.





Lo mismo que se aplica a los cuartos de hotel y a los sistemas planetarios se aplica a los universos paralelos. Muchos de los atributos (si no es que todos) fijados por la ruptura de la simetría parecen estar finamente calibrados. Alterar mínimamente sus valores generaría un universo cualitativamente diferente: uno en el que quizá no existiríamos. Si los protones fueran 0,2 por ciento más pesados, se descompondrían en neutrones, lo que desestabilizaría a los átomos. Si la fuerza electromagnética fuera 4 por ciento más débil, no habría hidrógeno ni estrellas comunes. Si la interacción débil fuera bastante más tenue, no habría hidrógeno; si fuera mucho más fuerte, las supernovas no sembrarían el espacio interestelar con elementos pesados. Si la constante cosmológica fuera mucho mayor, el Universo se habría despedazado antes de que pudieran formarse las galaxias.





Aunque todavía se debate ese grado de calibración, estos ejemplos sugieren la existencia de universos paralelos con otros valores de las constantes físicas (véase Martin Rees, “Exploring Our Universe and Others”, Scientific American, diciembre de 1999). La teoría del multiverso Nivel II predice que los físicos no podrán determinar los valores de esas constantes a partir de los primeros principios. Cuando mucho calcularán distribuciones probabilísticas de lo que esperarían encontrar, teniendo en cuenta los efectos de selección. El resultado sería tan genérico como lo permitiera una congruencia con nuestra existencia.





Nivel III: Múltiples mundos cuánticos





LOS MULTIVERSOS NIVEL I Y NIVEL II implican mundos paralelos muy lejanos, más allá incluso de los dominios de los astrónomos. Pero el siguiente nivel del multiverso está justo alrededor de usted. Surge de la famosa y controvertida noción de los mundos múltiples de la mecánica cuántica: la idea de que los procesos cuánticos aleatorios ocasionan que el universo se ramifique en múltiples copias, una por cada posible resultado.





A principios del siglo XX, la teoría de la mecánica cuántica revolucionó la física al explicar el reino de lo atómico, que no obedece las reglas clásicas de la mecánica newtoniana. No obstante los evidentes éxitos de la teoría, sigue muy vivo el debate sobre lo que esto significa realmente. La teoría especifica el estado del universo no en términos clásicos, como las posiciones y velocidades de todas las partículas, sino en los de un objeto matemático denominado función de onda. De acuerdo con la ecuación de Schrödinger, este estado evoluciona con el tiempo de un modo que los matemáticos llaman “unitario”, es decir, que la función de onda gira en un espacio abstracto de dimensiones infinitas, llamado espacio de Hilbert. Aunque se dice a menudo que la mecánica cuántica es en sí misma aleatoria e incierta, la función de onda evoluciona de manera determinista: no tiene nada de aleatorio o incierto.





Lo difícil es cómo relacionar esa función de onda con lo que observamos. Muchas funciones de onda legítimas corresponden a situaciones contrarias a la intuición, como la de que un gato esté a la vez vivo y muerto en lo que se denomina una superposición. En la década de 1920, los físicos “explicaron” esa rareza postulando que la función de onda se “colapsaba” hacia un determinado resultado clásico siempre que alguien realizaba una observación. Este añadido tenía la virtud de explicar las observaciones, pero convirtió una teoría elegante y unitaria en una torpe y no-unitaria. La aleatoriedad intrínseca que suele atribuirse a la mecánica cuántica se debe a este postulado.





Con los años, muchos físicos abandonaron esa visión en favor de otra desarrollada en 1957 por Hugh Everett III, un estudiante de posgrado de Princeton que mostró que el postulado del colapso es innecesario. De hecho, la teoría cuántica pura no plantea ninguna contradicción. Aunque predice que una realidad clásica se va bifurcando en superposiciones de muchas realidades, los observadores experimentan subjetivamente esas bifurcaciones sólo como una leve aleatoriedad, cuyas posibilidades concuerdan exactamente con las debidas al viejo postulado del colapso. Esa superposición de mundos clásicos es el multiverso Nivel III.





La interpretación de los mundos múltiples de Everett ha confundido a físicos y a legos durante más de cuatro décadas. Pero la teoría es más fácil de entender si distinguimos entre dos maneras de percibir una teoría física: la visión exterior de un físico que estudia sus ecuaciones matemáticas, como la de un ave que explora desde las alturas un paisaje, y la visión interior de un observador que habita el mundo descrito por las ecuaciones, como la de una rana que habita en el terreno estudiado por el ave.





Desde la perspectiva del ave, el multiverso Nivel III es sencillo. Sólo hay una función de onda. Evoluciona tersa y determinísticamente en el tiempo, sin ningún tipo de bifurcaciones ni paralelismos. El mundo abstracto cuántico descrito por esta función de onda en evolución contiene una enorme cantidad de devenires clásicos y paralelos que se bifurcan continuamente y se vuelven a unir, como diversos fenómenos cuánticos que carecen de descripciones clásicas. Desde la perspectiva de la rana, los observadores perciben sólo una fracción de esa realidad total. Pueden percibir su propio universo Nivel I, pero un proceso llamado “decoherencia”, que imita el colapso de la función de onda pero preserva la unitaridad, impide que perciban copias paralelas Nivel III de sí mismos.





Cuando a los observadores se les hace una pregunta, toman una decisión y dan su respuesta, los efectos cuánticos dentro de sus cerebros conducen a una superposición de resultados, como serían “seguir leyendo el artículo” o “abandonarlo”. Desde la perspectiva del ave, tomar una decisión hace que una persona se bifurque en varias copias: una que sigue leyendo y otra que no. Desde su perspectiva de rana, cada uno de los alter egos no está consciente de los demás y percibe la bifurcación sólo como una ligera aleatoriedad: una determinada probabilidad de seguir leyendo o no.





Por extraño que parezca, esa misma situación acontece incluso en el multiverso Nivel I. Usted ha decidido seguir leyendo el artículo, pero uno de sus alter egos en una galaxia distante botó la revista después del primer párrafo. La única diferencia entre el Nivel I y el Nivel III es dónde residen sus doppelgängers. En el Nivel I, viven en cualquier parte de un confortable continuo tridimensional. En el Nivel III, viven en otra bifurcación cuántica de un espacio de Hilbert con infinitas dimensiones.





La existencia del Nivel III depende del supuesto crucial de que la evolución temporal de la función de onda es unitaria. Hasta ahora, los experimentadores no se han topado con nada que se aleje de la unitaridad. En las últimas décadas se confirmó la unitaridad incluso en los grandes sistemas, incluyendo moléculas “buckyball” de 60 carbonos y fibras ópticas de kilómetros de largo. En el aspecto teórico, las razones en favor de la unitaridad han sido reforzadas por el descubrimiento de la decoherencia (véase Max Tegmark y John Archibald Wheeler, “100 Years of Quantum Mysteries”, Scientific American, febrero de 2001). Algunos teóricos que trabajan sobre la gravedad cuántica cuestionan la unitaridad; les preocupa que los agujeros negros que desaparecen pudieran destruir la información, lo cual sería un proceso no-unitario. Pero un avance reciente de la teoría de cuerdas, conocido como correspondencia AdS/CFT, sugiere que incluso la gravedad cuántica es unitaria. En tal caso, los agujeros negros no destruyen la información sino que sólo la transmiten a otra parte. (Nota de los editores: En un artículo próximo se tratará con mayor detalle esta correspondencia.)





Si la física es unitaria, debemos cambiar nuestra percepción estándar de cómo eran las fluctuaciones cuánticas poco después del Big Bang. Estas fluctuaciones no generaron condiciones iniciales al azar sino una superposición cuántica de todas las condiciones iniciales posibles, las cuales coexistían a la vez. Entonces, la decoeherencia hizo que esas condiciones iniciales se comportaran de manera clásica en ramas cuánticas separadas. Y aquí tenemos la cuestión crucial: la distribución de resultados en distintas ramificaciones cuánticas dentro de un determinado volumen de Hubble (Nivel III) es idéntica a la de los resultados en otros volúmenes de Hubble contenidos en una sola ramificación cuántica (Nivel I). Esta propiedad de las fluctuaciones cuánticas se conoce, en la mecánica estadística, como ergodicidad.





Lo mismo se aplica al Nivel II. El proceso de ruptura de simetría no produjo un resultado único, sino una superposición de todos los resultados, los cuales pronto tomaron caminos distintos. Entonces, si las constantes físicas, la dimensionalidad espacio-temporal y demás, pueden variar entre las ramificaciones cuánticas paralelas a un Nivel III, también pueden hacerlo entre los universos paralelos del Nivel II.





En otras palabras, el multiverso Nivel III no agrega nada nuevo más allá de los niveles I y II: sólo más copias indistinguibles de los mismos universos: los mismos “guiones” que se repiten indefinidamente en otras ramificaciones cuánticas. El apasionado debate sobre la teoría de Everett parece, por tanto, haber terminando en un gran anticlímax, con el descubrimiento de multiversos menos controvertidos (Niveles I y II) que son igual de grandes.







Huelga decir que las implicaciones son profundas y que los físicos apenas comienzan a explorarlas. Consideremos, por ejemplo, las ramificaciones de la respuesta a una añeja pregunta: ¿La cantidad de universos se incrementa exponencialmente con el tiempo? La sorprendente respuesta es: NO. Desde la perspectiva del ave, es obvio que hay un solo universo. Desde la de la rana, lo importante es la cantidad de universos que se distinguen en un momento dado, es decir, la cantidad de distintos volúmenes de Hubble que pueden percibirse. Imaginemos mover los planetas a nuevas ubicaciones al azar, imagine haberse casado con otra persona… A nivel cuántico, existen 10 a la 10118 universos con temperaturas inferiores a 108 kelvins. Es un número enorme, pero finito.





Desde la perspectiva de la rana, la evolución de la función de onda corresponde al incesante deslizamiento de uno de estos 10 a la 10118 estados a otro. Ahora se encuentra en el universo A, en el que está usted leyendo esta oración. Ahora en el universo B, donde está leyendo esta otra. Dicho de otro modo, el universo B contiene un observador idéntico al del universo A, excepto que tiene un instante más de memoria. Todos los estados posibles existen a cada instante, por lo que el paso del tiempo podría estar en la mente del observador, una idea explorada en la novela de ciencia-ficción Permutation City de Greg Egan (1994) y desarrollada por el físico David Deutsch de la Universidad de Oxford, el físico independiente Julian Barbour y otros más. Por lo tanto, el marco de los multiversos podría ser indispensable para entender la naturaleza del tiempo.





Nivel IV: Otras estructuras matemáticas





Multiverso Nivel IV



El último tipo de universo paralelo abre un mundo de posibilidades. Los universos pueden diferir no sólo en la ubicación, propiedades cosmológicas o estado cuántico, sino también en las leyes de la física. Existiendo fuera del espacio y el tiempo, son casi imposibles de visualizar; lo mejor que uno puede hacer es pensar en ellos en forma abstracta, como esculturas estáticas que representan la estructura matemática de las leyes físicas que los gobiernan. Por ejemplo, consideren un universo simple: Tierra, luna y sol, obedeciendo las leyes de Newton. Para un observador objetivo, este universo parece un anillo circular (la órbita de la Tierra se corrió hacia fuera en el tiempo) enrollado en una trenza (la órbita lunar alrededor de la Tierra). Otras formas dan cuerpo a otras leyes de la física (a, b, c, d). Este paradigma soluciona varios problemas concernientes a las bases de la física.





LAS CONDICIONES INICIALES y constantes físicas de los multiversos Nivel I, Nivel II y Nivel III pueden variar, pero las reglas fundamentales que gobiernan a la Naturaleza no cambian. ¿Por qué limitarnos a eso? ¿Por qué no permitir que las propias leyes varíen? ¿Qué tal un universo que obedezca las leyes de la física clásica sin efectos cuánticos? ¿Qué tal un tiempo que fluya por pasos discretos, como en las computadoras, en lugar de ser continuo? ¿Qué tal un espacio sin tiempo? ¿Qué tal un universo que sea sólo un dodecaedro vacío? En el multiverso Nivel IV, todas esas realidades alternativas existen.





Un indicio de que tal multiverso podría no ser mera especulación es la estrecha correspondencia entre los mundos del razonamiento abstracto y la realidad observable. Las ecuaciones, y más generalmente, las estructuras matemáticas, como los números, vectores y objetos geométricos, describen el mundo con notable verosimilitud. En una famosa conferencia de 1959, el físico Eugene P. Wigner dijo que “la enorme utilidad de las matemáticas para las ciencias naturales es algo casi misterioso”. A la vez, las estructuras matemáticas nos parecen sobrenaturalmente reales. Satisfacen el criterio central para una existencia objetiva: son las mismas sin importar quién las esté estudiando. Un teorema es verdadero sin importar que lo demuestre un humano, una computadora o un delfín inteligente. Las civilizaciones extraterrestres encontrarían las mismas estructuras matemáticas que nosotros. Por eso los matemáticos suelen decir que descubren estructuras matemáticas, no que las crean.





Hay dos paradigmas sostenibles pero diametralmente opuestos para entender la correspondencia entre las matemáticas y la física, una dicotomía discutida desde Platón y Aristóteles. Según el paradigma aristotélico, la realidad física es fundamental y el lenguaje matemático es apenas una aproximación útil a ella. Según el platónico, la estructura matemática es la realidad auténtica y los observadores la perciben de manera imperfecta. En otras palabras, los dos paradigmas difieren sobre qué cosa es más básica, si la perspectiva de rana del observador o la de ave de las leyes físicas. El paradigma aristotélico prefiere la de la rana, mientras que el platónico opta por la del ave.





Cuando niños, mucho antes de saber que las matemáticas existían, fuimos adoctrinados en el paradigma aristotélico. La visión platónica es un gusto adquirido. Los físicos teóricos modernos tienden a ser platónicos, sospechan que las matemáticas son tan buenas para describir el Universo porque éste es inherentemente matemático. Entonces, toda la física es, en resumidas cuentas, un conjunto de problemas matemáticos: en principio, un matemático con inteligencia ilimitada y recursos podría en principio calcular la perspectiva de la rana; es decir, calcular qué observadores conscientes hay en el Universo, qué perciben, y qué lenguajes inventan para comunicar sus percepciones.





Una estructura matemática es una entidad abstracta e inmutable que está fuera del espacio y del tiempo. Si la historia fuera un filme, la estructura correspondería no a un cuadro, sino a todo el rollo de película. Consideremos, por ejemplo, un mundo formado por partículas puntuales que se mueven en un espacio tridimensional. En un espacio-tiempo tetradimensional (la perspectiva del ave) las trayectorias de esas partículas semejan una maraña de fideos. Si la rana ve una partícula que se mueve a velocidad constante, el ave percibe una fibra recta de fideo. Si la rana ve un par de partículas en órbita mutua, el ave percibe dos tramos de fideo trenzados, como una doble hélice. Para la rana, el mundo se describe mediante las leyes del movimiento y gravitación de Newton. Para el ave, se describe mediante la geometría de la pasta: una estructura matemática. La propia rana es simplemente un conjunto de fideos, cuyo complejo trenzado corresponde a un aglutinamiento de partículas que almacenan y procesan información. Nuestro universo es bastante más complicado que ese ejemplo, y los científicos todavía no saben a qué estructura matemática corresponde, si es que corresponde a alguna.





El paradigma platónico propone la pregunta de por qué el Universo es como es. Para un aristotélico, esa pregunta no tiene sentido: el Universo simplemente es. Pero el platónico no deja de admirarse de que pudo ser distinto. Si el Universo es inherentemente matemático, ¿por qué sólo se escogió una de las muchas estructuras matemáticas para describir un universo? Parecería que el corazón mismo de la realidad incorpora una asimetría fundamental.





Como salida de este laberinto, propongo que la simetría matemática total sigue siendo válida; que todas las estructuras matemáticas existen también en lo físico. Cada estructura matemática corresponde a un universo paralelo. Los elementos de este multiverso no residen en el mismo espacio, sino que existen fuera del espacio-tiempo. La mayoría de ellos quizá no tiene observadores. Podemos considerar esta hipótesis como una forma de platonismo radical, afirmando que las estructuras matemáticas del reino de las ideas de Platón o el “paisaje mental” del matemático Rudy Rucker de la Universidad Estatal de San José existen en un sentido físico. Es similar a lo que el cosmólogo John D. Barrow de la Universidad de Cambridge denomina “el p de los cielos”; lo que el difunto filósofo de la Universidad de Harvard, Robert Nozick, llamó el principio de fecundidad y lo que el difunto filósofo de Princeton, David K. Lewis, denominó realismo modal. El Nivel IV completa la jerarquía de los multiversos, pues cualquier teoría física fundamental congruente consigo misma puede expresarse como algún tipo de estructura matemática.





La hipótesis del multiverso Nivel IV hace predicciones que pueden probarse. Como la del Nivel II, involucra un conjunto (en este caso, toda la gama de estructuras matemáticas) y efectos de selección. A medida que los matemáticos sigan categorizando las estructuras matemáticas, seguramente hallarán que la estructura que describe nuestro mundo es la más genérica y congruente con nuestras observaciones. De igual manera, nuestras observaciones futuras deberán ser las más genéricas que sean congruentes con nuestras observaciones pasadas, y nuestras observaciones pasadas deberán ser las más genéricas que sean congruentes con nuestra existencia.





Cuantificar qué significa “genérica” es un grave problema, y esta investigación apenas se inicia. Pero una sorprendente y alentadora característica de las estructuras matemáticas es que las propiedades de simetría e invariancia, a las que se debe la simplicidad y orden de nuestro universo, tienden a ser genéricas: más la regla que la excepción. Las estructuras matemáticas tienden a tener por principio esas propiedades, y es necesario agregarles complicados axiomas adicionales para disiparlas.





Y, ¿qué opina Occam?





LAS TEORÍAS CIENTÍFICAS de los universos paralelos forman, entonces, una jerarquía de cuatro niveles, en la cual los universos van siendo cada vez más diferentes del nuestro. Podrían tener distintas condiciones iniciales (Nivel I); diferentes constantes físicas, partículas y simetrías (Nivel II); o diferentes leyes físicas (Nivel IV). Es irónico que el Nivel III haya sido el más atacado en las últimas décadas, pues es el único que no agrega tipos cualitativamente nuevos de universos.





En la próxima década, las enormemente mejoradas mediciones cosmológicas del fondo de microondas y de la distribución a gran escala de la materia apoyarán o refutarán el Nivel I, al describir mejor la curvatura y topología del espacio. Esas mediciones también explorarán el Nivel II, al ensayar la teoría de la inflación caótica. Los avances en la astrofísica y en la física de altas energías deberán aclarar a qué grado están “calibradas” las constantes físicas, y así reforzarán o debilitarán la verosimilitud del Nivel II.





Si tienen éxito los esfuerzos actuales por construir computadoras cuánticas, se tendrán mayores evidencias en favor del Nivel III, ya que, en esencia, se estaría explotando el paralelismo del multiverso Nivel III para realizar cálculos paralelos. Los experimentadores también están buscando evidencias de violación de la unitaridad, lo cual descartaría al Nivel III. Finalmente, el éxito o fracaso en el gran desafío de la física moderna —de unificar la relatividad general y la teoría cuántica de campos— será crucial en las opiniones sobre el Nivel IV. O bien descubriremos una estructura matemática que concuerde exactamente con nuestro universo, o nos toparemos con un límite a la irrazonable eficacia de las matemáticas y nos veremos obligados a olvidar ese nivel.





¿Debería usted creer entonces en los universos paralelos? Los principales argumentos contra ellos dicen que son un desperdicio y que son raros. El primer argumento es que las teorías de multiversos no resisten la navaja de Occam (o principio de la parsimonia) porque postulan la existencia de otros mundos que no podremos observar. ¿Por qué habría de ser tan derrochadora la Naturaleza permitiendo una infinidad de mundos diversos? Pero ese argumento se puede voltear en favor de los multiversos. ¿Exactamente qué estaría desperdiciando la Naturaleza? Ciertamente no sería espacio, ni masa ni átomos; el incontrovertible multiverso Nivel I ya tiene cantidades infinitas de los tres, así que, ¿a quién le importa si la Naturaleza desperdicia un poco más? La cuestión importante aquí es la aparente disminución de la simplicidad. A un escéptico le preocuparía toda la información que faltaría para especificar todos esos mundos invisibles.





Pero un conjunto completo es a menudo bastante más sencillo que uno de sus miembros. Este principio puede enunciarse más formalmente usando la noción del contenido de información algorítmica. En el caso de un número éste es, en general, la cantidad en bits del programa computacional más breve cuyo resultado sería ese número. Por ejemplo, consideremos el conjunto de todos los enteros. ¿Qué es más sencillo, todo el conjunto o un solo número? Ingenuamente podríamos pensar que un solo número es más sencillo, pero todo el conjunto puede generarse mediante un programa computacional bastante trivial, mientras que el programa para un solo número puede ser larguísimo. Por lo tanto, en realidad lo más sencillo es el conjunto completo.





De manera similar, el conjunto de todas las soluciones a las ecuaciones de campo de Einstein es más sencillo que una solución específica. El primero consiste de unas cuantas ecuaciones, mientras que la segunda exige especificar una cantidad enorme de datos iniciales sobre alguna hipersuperficie. La lección es que la complejidad crece cuando restringimos nuestra atención a un determinado elemento de un conjunto y perdemos así la simetría y simplicidad que eran inherentes a la totalidad de los elementos tomados en conjunto.





En este sentido, los multiversos de más alto nivel son los más sencillos. Pasar de nuestro universo al multiverso Nivel I elimina la necesidad de especificar condiciones iniciales; pasar al de Nivel II elimina la de especificar constantes físicas, y el multiverso Nivel IV elimina la de especificar cualquier cosa. La opulencia de la complejidad reside únicamente en las percepciones subjetivas de los observadores; es decir, en la perspectiva de la rana. Desde el punto de vista del ave, el multiverso no podría ser más sencillo.





La objeción de la rareza es estética y no científica, y sólo tiene sentido dentro de una perspectiva aristotélica. Pero, ¿qué esperábamos? Cuando hacemos una pregunta profunda sobre la naturaleza de la realidad, ¿no se espera una respuesta que suene rara? La evolución nos confirió una intuición para la física cotidiana que ayudaba a nuestros lejanos antepasados a sobrevivir; por eso cuando nos aventuremos más allá del mundo cotidiano, deberíamos esperar que todo nos parezca raro.





Una característica común de los cuatro niveles de multiverso es que la teoría más sencilla y discutiblemente más elegante implica por principio universos paralelos. Para negar la existencia de esos universos, tendríamos que complicar nuestra teoría agregándole procesos no comprobados experimentalmente y postulados ad hoc: el espacio finito, el colapso de la función de onda y la asimetría ontológica. Nuestra decisión depende, entonces, de lo que consideremos más dispendioso e inelegante: muchos mundos o muchas palabras. Quizá nos iremos acostumbrando poco a poco a las rarezas de nuestro cosmos y aceptaremos que son parte de su belleza.





Fuente: http://www.esquinamagica.com/articulos.php?idar=322&id1=22



 
















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