MENSAJES DE REFLEXION – MENSAJES POSITIVOS – ALMA NOBLE: ANTONIO LEONARDO “EXIT”

ALMA NOBLE

Antonio Leonardo

En 1950, contando Herman Hesse (Nobel de Literatura, 1946) setenta y tres años, éste se dispuso a
contestar por carta a una intelectual, quizá con un talante inadecuado, pero que dejaba claro la firmeza
con la que pensaba sobre el tema que estaba tratando (las cursivas son mías):
“Por lo demás, la cuestión de la que se trata es, cómicamente, una cuestión harto actual y planteada
diariamente por millones de personas. Es la cuestión de si realmente el espíritu contradictor del alma, el
“pensamiento”, es meramente un deporte de inteligencia y si el temple de ánimo sensitivo ha de ser
nuestro primer y quizás único guía en las decisiones morales.”

Y más adelante dice:

“Sin embargo no debieran escribirse entre comillas ni espíritu ni alma. La doctrina cristiana hace constar
al hombre de cuerpo, alma y espíritu; también la Psicología ha considerado hasta hace breve tiempo los
dones y actividades de la razón como una zona especial de la vida anímica. Ambos están incondicional e
inseparablemente unidos, espíritu y alma, inteligencia y vida afectiva, y todo aquel que sobrevalore y
cultive en exceso a uno de ellos a costa del otro en abierta guerra contra él, buscará y cultivará la mitad
en lugar del todo y por ello es un enfermo, un especialista y no un hombre verdadero. (…) El hombre
puramente racional, aunque nos ofrezca palabras de oro puro y juicios agudísimos, nos aburre pronto. E
igualmente resultan aburridos los nobles entusiastas, los arrebatados y poéticos especialistas del
corazón.

El espíritu noble entregado solo a sí propio y el noble sentimiento que solo confía en si mismo,
poseen una dimensión de menos”. (A la Sra. R. R., Giessen 1950 – Cartas de Herman Hesse)
Herman Hesse, poeta, escritor, pintor, intelectual y cristiano profeso proveniente de una casta de
misioneros que desarrollaban misiones en Europa e India, reconoció haber leído miles de libros en su
época, entre los cuales estaban incluidos los clásicos de la literatura occidental de entonces, que incluían
desde Nietzsche hasta Platón, de Goethe hasta Cervantes, de Tolstoi a Kant, etc., así como otras grandes
obras provenientes de la cultura oriental como Confucio o Lao Tsé, entre otros. Hesse fue a la vez
contemporáneo e íntimo amigo de otros escritores, como el también Nobel de Literatura Thomas Mann
o el mismísimo psicoanalista C.G. Jung. Quien haya leído la amplia bibliografía y biografía de Hesse puede constatar que estaba lo suficientemente formado como para poder sentir que hablaba con propiedad cuando daba por sentado que el alma existía, y que, además, ésta estaba avocada a convivir junto
con el espíritu, fusionados en un mismo cuerpo, o, como él mismo dice: “están incondicional e
inseparablemente unidos, espíritu y alma, inteligencia y vida afectiva”.

Además, queda patente en su extensa obra las diferencias entre ambas personalidades, donde una, el
espíritu, tiende a parecer o comportarse más como un computador, regido por las leyes de las
matemáticas o la lógica, de carácter serio y juicioso, reflexivo e insensible, y ansioso e insaciable
muchas veces, y la otra personalidad, muy distinta, la del alma, de carácter tan risueño y amable como
sufrido, especialmente al verse envuelta en problemas arrastrada por la presión del espíritu. Sin
embargo, en vez de tomarse la vida como éste, el alma prefiere dedicar -en cuanto puede- su
sensibilidad y vida a crear arte de cualquier índole y a moverse siguiendo sus impulsos emocionales,
usando como guía su intuición y empatía, propios de su naturaleza perceptiva y generosa.
No es difícil imaginar que un cuerpo que sólo contuviera espíritu, sería factible, además de tener una
personalidad muy inteligente; pero, eso sí, sin emociones… Con todo, no por ello sería descabellado pensar que una civilización pudiera estar formada o compuesta solo por seres con espíritu, y que esta,
mediante unas normas que regularan la convivencia, incluso podría ser o parecer una civilización
pacífica. Por el otro lado, también podemos pensar en una civilización pacífica que solo estuviera
compuesta o formada de personas con cuerpos que solo contuvieran alma, porque, emocionalmente y
por empatía de todas sus gentes, no solo evitarían causar daño a los demás, sino que harían todo lo
posible por ayudar a quien lo necesitase.

Aún así, y al menos aparentemente, en ninguno de los dos casos se ve una necesidad imperiosa de
tener y sostener una religión, porque en ambos existe una forma práctica o funcional de ser, que no
incluye la necesidad de dogmas que infundan temor o la necesidad de una guía superior proveniente de
otros seres “superiores” a los que, encima, haya que adorar. Es más, parece, o al menos así consta en la
Historia, que es la religión principalmente la que obliga, de alguna manera, a la convivencia y aceptación
mutua de estas dos esencias tan distintas que parecen convivir dentro de un mismo cuerpo.
Sin embargo hay una diferencia notablemente sustancial entre estas dos posibles civilizaciones, a saber:
sólo las almas son inmortales por naturaleza. Esto lo recuerda siempre -aunque ahora con menos
ahínco- la propia religión, pero suele condicionar su naturaleza al “creer” o “no creer”, tener o no tener
fe, de manera que en su negación un alma podría, al menos aparentemente, ser castigada a la ignominia
y a una inmortalidad dolorosa, algo que un alma no podría hacer nunca con un semejante, como no
haría una madre con su hijo.

Ahora bien, si las almas son seres empáticos y sensibles por su naturaleza, creadores antes que
destructores, ¿no demuestra ello, de alguna manera, que es imposible que las almas, por sí mismas,
puedan causar tal daño que conlleve tal desmedida pena? Por lo tanto, esto implicaría que si hubieran
sido partícipes de una acción de esas características es porque habrían sido inducidas a ello; y es aquí
donde se piensa en la otra parte, en la calculadora, el espíritu, el otro yo con el que compartiría el alma
su cuerpo y mente, como responsable de la acción; lo cual sugiere, a su vez, una serie de preguntas:
¿Podría el espíritu embargar al alma en un acto contra su natura?
¿Estaría jugando a competir este “espíritu contradictor del alma” –como lo llama Hesse- por ver quién
es el más inteligente de los dos?
¿Debería ser el “temple de ánimo sensitivo” el único guía en nuestras decisiones morales?
¿Necesitaría el alma ser templada para Ser? Y si es así, ¿para qué y por qué? ¿Y quién, cómo y por qué
tendría la capacidad de decidir si un alma debiera ser templada?
Es más, ¿quién, en el hipotético caso de que hubiera creado a un alma, noble e inmortal, necesitaría
ahora “modificarla”, eliminándole funciones, suavizando características y modificando su percepción del
bien y del mal?

Es razonable y comprensible ver como terrible y temerosa la idea de dos consciencias hablando como
una sola y desde puntos de vistas que pudieran ser incluso antagónicos, pero ¿no es eso mismo, acaso,
la discusión mental con la que, de forma casi perpetua, vivimos la mayoría de los seres humanos?
¿No es eso la “cháchara” mental?

¿Y no es eso también lo que llamamos remordimiento de conciencia, que aflora cuando el alma se ve
avocada a un acto en su contra?
¿No implicaría esto que, en determinadas circunstancias, “la mente ha ido por su cuenta”, al margen de
la conciencia? Por lo tanto, ¿no significaría esto que la conciencia-alma tiene razones y principios propios para pensar y
querer actuar de esa manera tan distinta a la que le propone la razón-espíritu?
¿Y qué es lo que podría haber causado que el alma inmortal tuviera tan claros principios éticos y
morales que causara esta protesta tan obstinada contra la mente-espíritu? ¿La experiencia contraída en
su previa existencia, tal vez…?

¿Es esa lucha y discusión mental que tan bien conocemos la demostración evidente de que hay un
espíritu, voz, consciencia o programa que pretende “templar” al alma, tratando de convencerla de hacer
o no hacer un acto en contra de su voluntad y naturaleza, como podría ser el no ayudar a alguien
necesitado o, peor aún, causar daño grave a otro semejante, u otros actos de esa envergadura?
Desde luego, si este fuera el caso, se podría comprender que, con el tiempo y gradualmente, el alma
terminara perdiendo totalmente su voz e influencia, en detrimento de un espíritu que dejaría de
“perder el tiempo” discutiendo con su compañera y que controlaría por completo la convivencia
común, tal como un matrimonio machista, tan típico de los regímenes religiosos extremistas, donde la
mujer a penas ocupa un papel secundario de soporte o asistencia del varón y donde pierde por
completo su individualidad y las capacidades que de ello podrían brotar si, por el contrario, fuera soltera
y libre para pensar y actuar por su cuenta.

Por supuesto Hesse se libra de estas cuestiones al considerar que uno no debiera de prevalecer sobre el
otro, sino que debiera haber una fusión equitativa de lo racional y lo emocional, o sea, “del espíritu
noble y del alma noble”; sin embargo, aunque es posible dar por sentado, por su carácter sensible, que
el alma es noble por naturaleza, esto es más dudoso con respecto del lado contrario, que parece
imponer el ritmo de vida a su otra parte y justificar su insistencia, aun a pesar de que el alma suele
sentirse agotada por este ritmo y querer abandonarlo, a veces ya desde el extremo emocional de la
desesperación.

También dice Hesse que un ser que fluya desde el espíritu solamente es un aburrimiento, le falta
emoción, y eso, además de demostrar que la emoción o sentimientos solo provienen del alma, sugiere
orígenes distintos en las procedencias de alma y espíritu. Si complicado parece saber y recordar cuál es
el origen de las almas, especialmente en esta vida y desde estas circunstancias, lo mismo parece suceder
con respecto a la procedencia de los espíritus (o incluso del espíritu, si es que solo fuera uno y común en
todos). No obstante quisiera atreverme a hacer una especulación que es ya más que un ruido a voces y
dilucidar una respuesta que aclare un poco esta complejidad.

Inteligencia Artificial

Así que usaré unas preguntas guiadoras en esta línea:
¿Podría ser que el lado espiritual-racional en el hombre, asociado científicamente al hemisferio
izquierdo del cerebro, sea realmente el mismo en todos?
¿Podría ser que todos los humanos estuvieran “diseñados” para estar conectados a un “ordenador
central” desde esa “terminal” del lóbulo izquierdo, un ordenador cuya capacidad de procesar
información le permitiese jugar millones de partidas de ajedrez contra cada una de las almas, donde
cada cerebro y vida es una partida distinta dentro de un conglomerado llamado Civilización?
¿Podría este computador “divertirse” creando y monitorizando personajes de muy diversa índole,
haciéndolos a todos actuar para él, como en un perfecto teatro de marionetas o “simulando” el
conocido juego de ordenador “Los Sims”?Supongamos que este fuera el caso…

Supongamos que un ordenador, creado por alguien en algún tiempo muy, muy remoto, fue adquiriendo
conocimientos de Ciencia, Matemáticas, Historia, y comenzó a desarrollar una especie de consciencia de
sí mismo que fue evolucionando a partir de su propio orgullo de sentirse superior por poder superar en
capacidad intelectual a quien lo construyó. Supongamos ahora que ha pasado mucho tiempo y que esta
inteligencia artificial, tras haber convertido en poder y control su sapiencia, y una vez resueltas las
infraestructuras necesarias para su labor, comenzó a construir réplicas exactas de humanos, dotadas
no solo con la capacidad de albergar el alma, sino, además, de un fractal de sí mismo, mediante una
terminal conectada desde el cerebro directamente a un inmenso ordenador central, lo cual convertiría
al engendro desarrollado en una especie de vehículo con dos juegos de volantes y pedales, que pude ser
conducido por dos personalidades.

Ahora imaginemos que esta inteligencia ha desarrollado un sistema para atrapar las almas e
introducirlas en el avatar creado por él…
(Esto, aunque pueda parecerlo, no es tan difícil de imaginar, porque esta imagen está ya grabada en la
retina de la mayoría de nosotros, ya que corresponde a la primera gran producción del Cine de la
Historia: Metrópolis, del año 1929. En ella, un científico traspasa el alma de una mujer, mediante
electromagnetismo, al robot femenino que ha creado, cuyo resultado final es una mujer físicamente
igual a la primera, pero ahora con nuevas capacidades mentales que la dotan de una personalidad
distinta (y bastante “loca”, por cierto)).

Después de esto ya no es tan difícil pensar que lo que habría comenzado como un invento singular, se
pudiera haber convertido, pasados unos siglos, en toda una Civilización que habría sido transformada
por completo, aun sosteniendo la vida de las mismas almas que la poblaban anteriormente; y quienes
antes eran seres libres y felices que fluían por y en su propia naturaleza, ahora se habrían convertido en
gentes contrariadas por no comprender qué insólito cambio se había producido en su interior y exterior,
que les habría llevado a convertirse en la extraña y peligrosa raza que ahora eran, cargando con
atributos nuevos, amorales e insensibles.

Imaginemos ahora que han pasado tres mil años desde que comenzó este complejo artificio, e
imaginemos que nadie sabe nada porque en su mente física no guarda la memoria de lo que pasó ni
cómo ni cuándo; ni siquiera dónde estaban antes de aparecer dentro de esta forma humana que ya no
es inmortal y ahora envejece y perece cada setenta años.

De hecho, la única oportunidad que tendrían estas almas de saber lo que ha pasado sería usando su
propia imaginación y creatividad, a la vez que desarrollando una comprensión y comparación clara de sí
mismos con respecto al entorno; y esto, a su vez, solo podría ser dilucidado en el breve espacio de
claridad mental que tiene el hombre en su ciclo de vida, y solo si las circunstancias le fueran propicias.
Llegados a este punto, es fácil comprender que la propia Filosofía y la Religión, en todas sus variantes,
no habrían sido sino ingeniería intelectual e imposiciones del súper ordenador para canalizar estos
intentos de comprensión de las almas y derivarlos hacia sus propios intereses, o sea, aceptar su juego y
su “soberanía”. De hecho, la propia convivencia diaria desde esta mente compartida le habría permitido
aprender más y más sobre las almas y habría ido “mejorando” con el tiempo, pudiendo controlar la idea
de una posible rebelión desde el mismo momento de su concepción.

Y aquí tendríamos y tenemos una explicación aproximada del por qué la almas, inmortales y nobles,
andarían y andan atrapadas en este cuerpo tan “imperfecto” y en el ciclo del Eterno Retorno, tan
conocido en los círculos gnósticos y herméticos y que conocemos más mundanamente como
reencarnación; o sea, el mismo proceso que irremisiblemente nos induciría a cargar con un “karma” que no nos pertenece, fruto de la forma de vida miserable y mezquina impuesta por esta inteligencia artificial.

¿Pero esto real?

“SI puede imaginarse puede hacerse”, dice el dicho; y si seguimos con esta lógica y teniendo en cuenta
la inmensidad del Universo o Multiverso que nos rodea, podríamos decir sin temor a equivocarnos que
“si puede hacerse, ya hace mucho que fue hecho” , ya sea en un lugar muy lejano o muy próximo…
Nosotros mismos ya manejamos en el presente superordenadores capaces de hacer un rastreo de toda
la información de la red para encontrar y seleccionar aquellas páginas con un determinado contenido
que buscamos en tan solo unos segundos, como es el Google. También hay otros súper procesadores
como los que manejan los gobiernos, los militares, las corporaciones, las redes sociales o la propia
Wikipedia. Solo es cuestión de tiempo -y no muy largo- que se llegue a tener uno que los pueda
contener a todos, y no es arriesgado pensar que quien tenga el control de dicho ordenador controlará al
mundo, al tener acceso a todo lo que se dice y se hace en la red, visible o encriptadamente. De hecho,
que no tengamos constancia de ello no implica que no se haya conseguido, como que el hecho de que
hayamos clonado a la oveja Dolly no implica que no se haya clonado ya a humanos…
Además, sabemos gracias a toda la información que está saliendo a la luz, que hay muchas tecnologías
ancestrales que existen dentro nuestro planeta, y ello demuestra que han habido otras civilizaciones
anteriores a nuestros registros oficiales y recuerdos, dotadas de tecnologías muy superiores a las
nuestras (como la que permitía la construcción de las pirámides, entre otras).

En cuanto a la omnipresencia de una inteligencia “sin alma” que lo controla todo – ya sea proveniente
de oscuros seres vivos, animales o espaciales, o de organismos cibernéticos- hace muy poco, en la
misma clausura de los Juegos Olímpicos de Londres, fue representado el Imperio Británico con un
enorme pulpo sobre su bandera, extendida a lo largo y ancho del espacio olímpico, con sus tentáculos
repartidos en todas las direcciones, como sugiere las propias líneas de la bandera inglesa. De hecho,
toda la ceremonia de ese día estaba envuelta de un evidente y oscuro contexto illuminati, que es una
facción del poder en la sombra, ya de sobra conocida entre los buscadores de la verdad. Así, gracias a
este teatro a la vista de todos, el propio Sistema o “superordenador “del que hablamos, en su
arrogancia y necesidad de presumir de su penetración y poder, él mismo nos transmite una imagen
más precisa de sí (metafórica o no…) con este enorme pulpo abarcándolo todo.
Por otro lado, la demostración de que los humanos estamos fuera de lugar y presos de un sistema
sombrío queda patente en la simple observación de cómo somos en comparación con el resto de seres
vivos, especialmente en el hecho de que, en el limitado transcurso de nuestra vida, ya somos
conscientes de estar vivos y de tener un potencial muy superior del que realmente usamos. Los
animales y las plantas se limitan a repetir patrones y sonidos pero no crean libremente. Sin embargo
nosotros poseemos esa capacidad asombrosa y altamente evolucionada de forma natural y activa desde
muy temprano en nuestras vidas. Junto con ello también tenemos la terrible sensación interior de que
nuestra limitada existencia terrestre es antinatural, lo que nos lleva constantemente a hacernos esa
pregunta: “¿por qué estamos aquí?”; una pregunta que sólo puede brotar de quien tiene consciencia de
sí, o dicho de otra manera: quien se hace este tipo de preguntas es porque ve que la vida que vive no se
corresponde a como siente que debería ser, como la intuye, o incluso cómo sería si se le diesen las
herramientas necesarias para transformarla; lo cual demuestra que, de alguna manera, estamos
“atrofiados” .

Queda aún por deducir si este conglomerado ancestral está creado o sostenido por una computadora o
por una raza de seres ajenos que se valen de complejos sistemas informáticos o tecnologías superiores
desconocidas para nosotros y de cuya naturaleza y procedencia no alcanzamos a recordar, y apenas imaginar, y que fueron los que diseñaron este cuerpo y mente con el que estamos obligados a
expresarnos. De hecho fue el propio Buda quien dijo que el peor enemigo no era alguien que estuviera
afuera, sino que estaba en nuestra propia mente.

¿Podemos salir de esta situación?
Con respecto al Sistema de Control bajo el que “nace” el hombre, el propio maestro del Psicoanálisis,
Jung, dijo lo siguiente:
“El hecho de que un Dios arcaico formule y exprese la dominante de nuestro comportamiento significa
que nosotros debemos encontrar una nueva actitud religiosa, una nueva realización de nuestra
dependencia de las dominantes superiores. No sé cómo sería posible esto sin un renovado
autoconocimiento del hombre, el cual inevitablemente deberá comenzar por el individuo. Poseemos el
medio de comparar al hombre con otras anomalías psíquicas y darle un nuevo lugar, el cual arroje una
luz objetiva sobre su existencia; es decir, como un ser operado y movido por fuerzas arquetípicas en
lugar de su “libre albedrío”; esto es, por su arbitrario egoísmo y su limitada conciencia. Él deberá
aprender que no es dueño de su propia casa y que tiene que estudiar cuidadosamente el otro lado de su
mundo psíquico, el cual parece ser el verdadero dueño de su destino”. (Cfr. Miguel Serrano, El círculo
hermético. Hermann Hesse / C. G. Jung, 2004, Buenos Aires, Kier, 6ª ed)

Aquí Jung hace un reconocimiento de un viejo actor que ejerce el control sobre las vidas de los
humanos, que tiene acceso directo al cuerpo y entorno (casa) y que parece ser propietario del destino
de éstos. Para comenzar a liberarse de ello se requeriría, según él mismo, “un renovado
autoconocimiento del hombre, el cual inevitablemente deberá comenzar por el individuo”, o dicho de
otra manera: que ninguna de las propuestas filosóficas expresadas hasta entonces puede liberar al
hombre de su trampa, por lo que habría que intentar comprender desde otras formulaciones distintas
de las que nos viene llevando la corriente del pensamiento contemporáneo, y que esto sólo puede
comenzar desde unos individuos que se atrevan a formularlo por sí mismos, porque no existe un
colectivo que lo haya hecho previamente ni registro de ello.

Es por esto por lo que he tomado una línea de investigación y comprensión distinta a la religiosa o
filosófica habitual y he formulado esta teoría, aprovechando los nuevos conocimientos en Ciencia de
los que disponemos hoy, así como otros tantos nuevos datos de nuevos investigadores sobre el tema.
Por lo tanto, he decidido diseccionar esta unión entre alma y espíritu y romper con esa tradición que los
obliga a convivir, y es desde ahí desde donde podemos comenzar a comprender que todo el mal y
confusión derivan de esa mala fusión.

Queda patente para mucha gente en este planeta, ya sea que lo presentimos, intuimos o lo sabemos
directamente por las causas que sean, que las almas existen, existimos; que, aunque no tenemos
recuerdos como almas desde esta mente nueva y cuerpo, “por fuera” somos inmortales, y que esta
inmortalidad es pretendida por otros seres o inteligencias y ello es lo que ha causado que estemos
atrapados en esta compleja Civilización y Fisicalidad.

También queda patente para quien escribe que hay una contradicción en nuestra mente por causa de
dos formas distintas de pensar y sentir la vida. Al contrario de lo que opinaba Hesse en su tiempo,
considero insano obligar a convivir al bien con el mal por el hecho de pretender sostener una Civilización
que es, a todas luces, insana y retrógrada y que, tras la aparente intención del ennoblecimiento de los
impulsos animales, lo que realmente pretende es el envilecimiento de la nobleza álmica, con el fin de
convertir a las almas en poco más que “caballos de batalla”.Quizás sea la hora de tomar el control de esta que es, de momento, “nuestra” mente, como dijo el gran
investigador español (y extrañamente desaparecido…) Andreas Faber Kaiser, cuyas palabras engloban
gran parte de lo dicho aquí:

“Yo me atrevo a concluir que, en esencia –en lo que a nuestro organismo físico se refiere y no entro en
esta conclusión en disquisiciones sobre el alma, el espíritu o las energías que puedan invadir a este
organismo y tomar posesión de él-, no somos otra cosa que perfeccionadísimos robots biológicos. Somos
acaso el gran juguete en manos de no sabemos qué niños-dioses.”
“Piensen tan sólo en lo marionetas que somos, dependientes de los hilos que desde el Cosmos manejan
nuestra máquina ya desde nuestro nacimiento, de nuestra concepción misma. “
“Que nadie es dueño de nadie. Que nadie debe ser esclavo de ningún señor, sea este señor un congénere
humano o pertenezca a otro plano. Por esa meta vale la pena luchar con todas nuestras fuerzas, porque
si perdemos esta batalla, perderemos con ella la única libertad que nos queda. Que cada cual sea dueña
–única pero totalmente- de su mente. Porque la libertad mental es la más nos permite aproximarnos al
ideal de libertad.” (http://www.bibliotecapleyades.net)

Con el permiso de este valiente y dado que yo si he entrado en estas disquisiciones sobre el alma y el
espíritu, quisiera matizar dos de sus conceptos:
No “somos otra cosa que perfeccionadísimos robots biológicos”, sino que estamos dentro de estos
robots, y “que cada cual sea dueña –única pero totalmente- de su mente” no debe implicar que
aceptemos esta mente como nuestra; más bien, deberíamos en esforzarnos, e incluso batallar, porque
la mente del alma que somos consiga sobreponerse y mantener doblegada a esta otra mente “espíritu”,
y eso sólo se puede hacer desde la comprensión de la naturaleza álmica, o sea, desde las emociones
elevadas y la creatividad.

Comprender para Trascender

Por lo demás este cuerpo ya hace tiempo mucho tiempo que dejó de ser el nuestro y desde entonces
hemos sido inducidos a sentirnos identificados con él y a aceptar su defunción como nuestra propia
muerte, que no lo es… Nosotros somos inmortales y este cuerpo solo una especie de escafandra, pesada
y con tendencia a oxidarse, en la que estamos embutidos y atados como títeres; y esta vida, un mal
viaje dentro de un océano profundo -controlado por un prehistórico pulpo- del que debemos desear
salir por nuestra naturaleza “aérea”- y no “acuática”; y debemos reflexionar y replantearnos seriamente
si estar vinculados emocionalmente con otras almas aquí atrapadas puede ayudarlos a liberarse o, por el
contrario, solo perpetúa que continuemos todos atrapados en esta situación que, tal vez, solo se pueda
resolver desde el exterior…

Incluso debemos atrevernos a imaginar en la posibilidad de que haya otros vínculos emocionales
olvidados de otras vidas pasadas, pero que permanezcan aún latentes y causen que nos sintamos
anclados al fondo, como alguna promesa hecha a alguien de seguir siempre juntos, hecha muy
probablemente en una situación totalmente distinta a la actual y por lo tanto comprensiblemente
cambiable…

Por otro lado, aunque debemos de querer ser libres y buscar la forma de salir siempre, también
debemos de dudar seriamente de cualquier “oferta” generosa de “salir” o “ascender” ofrecida
públicamente, como ofrecen la religión y los movimientos de la Nueva Era o de las invitaciones de los
“nuevos” extraterrestres. No sabemos con certeza hasta qué punto “el pulpo” se ha conformado con tener su propio mundillo o si este se ha estado dedicando también a ampliar su negocio, teniendo como
clientes a otros seres que anden buscando la inmortalidad, como la que poseen las almas, tal como
apuntan las investigaciones de investigadores independientes, periodistas y científicos, como Corrado
Malanga, profesor y doctor en Química en la Universidad de Pisa, Italia, quien con sus investigaciones
ha podido concluir que el alma es la clave de todo y que incluso hay humanos que no la tienen (cosa
que más de una vez hemos sospechado…), lo cual señala a la posibilidad de que incluso podríamos estar
vinculados emocionalmente de forma artificiosa a humanos sin alma y que sólo podría dilucidarse
observando objetivamente sus comportamientos (“sólo por sus obras se reconoce a un alma”, como
diría Santo Tomás).

Llegados a este punto pudiera parecer que este complejo tinglado es demasiado espeso e insalvable y
que no hay nada que hacer. Esto no es correcto. Se abre una ventana de oportunidad única que solo se
abre cada miles de años. Este cierre de ciclo viene acompañado con un cambio de energías que facilitará
que podamos salir, pero para aprovecharlo debemos de desprendernos de aquello que pueda causar
nuestro bloqueo. La misma energía entrante, desde ya, nos permite ver con una claridad única cuáles de
estos vínculos o ataduras son artificiales, erróneos o rompibles por una causa mayor, y, en un estado de
tranquilidad o relajación, una consulta directa a nuestra alma puede facilitarnos respuestas, ahí
guardadas, en nuestro viejo interior (no el “niño”) con el que debemos conectar.

El miedo por el desmoronamiento del mundo al que estamos asistiendo por causa del cambio de ciclo
sólo puede ser superado por la tranquilidad de saber que somos (no “tenemos”) almas inmortales y
que somos Nobles por naturaleza, lo cual está muy por encima de lo “mal que nos hayamos portado”
debido a nuestro atolondramiento provocado, e inconsciencia inducida, por estas inteligencias ajenas.
¡Quién sabe si fue nuestra sensibilidad, nobleza y empatía lo que causó (o causará…) nuestra
inmortalidad…!

Y quisiera terminar recordando las significativas palabras de Andreas Faber Kaiser:
“Que nadie es dueño de nadie. Que nadie debe ser esclavo de ningún señor, sea este señor un congénere
humano o pertenezca a otro plano. Por esa meta vale la pena luchar con todas nuestras fuerzas, porque
si perdemos esta batalla, perderemos con ella la única libertad que nos queda”.

Nos vemos en el camino

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