Facundo Cabral: Pensamientos, Convicciones

facundo-cabral-1.jpg

Nota de Exequiel Siddig

Su memoria despluma países como margaritas. Abre la boca y las palabras se ponen a caminar el aire con una densidad profética. Su voz calza sandalias del desierto. Cuando canta, los teatros lagrimean, reviven. El público se pone de pie como si fuera religión, y lo ama. Anda solo con su guitarra. Una señora recientemente cruzó de Islas Canarias a Venezuela para escucharlo. Cuando el cantante argentino Facundo Cabral dice, dictamina. No es posible escucharlo y permanecer ciego. Contiene el mundo y devuelve el sabor a la mirada. Las formas oscuras dejan su sombra, adoptan un color. Desforma y reforma. Sus canciones y sus textos son tan nietzscheanos como jesuíticos. Juntó a su admirado Whitman con el mendigo y la intuición popular.

Sus canciones son simples, de esa sintonía universal que hizo que su canción “No soy de aquí, ni soy de allá” fuera cantada por más de 700 artistas en todo el mundo. Como abjura de las ideologías, pudo ser echado tanto de la Chile derechista de Pinochet, como de la China comunista de Mao.Recorrió 165 países. Aprendió el arte homérico de narrar en los sokos de Basora e hizo una gira de 118 shows sin parar ni salir de México ?. Facundo Cabral habla y al hablar funde su propio mito: Evita le consiguió un trabajo en persona cuando todavía era un crío; fue nombrado embajador de 110 etnias andinas originarias; es candidato al Nobel de la Paz por 34 países; Gillo Pontecorvo –el director de “La batalla de Argel”- quedó tan extasiado con sus aventuras que quiso llevarla al celuloide; el humorista norteamericano Bob Hope se emocionó tanto al verlo en televisión que lo invitó para entretener a los soldados durante la Guerra de Vietnam.

Cuando estuvo en Israel, desayunaba a diario con Golda Meir, que lo nombró Ciudadano Honorario.

Fue tan antiEdipo, que cuando tenía 8 años vió a la primera mujer hacer el amor, su madre, y se puso feliz porque nunca la había visto tan contenta.

Cantó en burdeles, en monasterios y en una Noche Buena en Belén para 600 mil personas, y se meó encima. Cuando da un respiro a su vocación diaspórica, Facundo Cabral vive en un hotel céntrico de Buenos Aires, en un cuarto de roble oscuro. “Me preparé mi propio féretro para morir entre Borges e Italo Calvino”, humorea el que alcanzó los 71 años y cierta vez estuvo al borde de la muerte.

Los anaqueles de la biblioteca contienen 600 cuadernos de notas escritas en los 5 continentes. El cantor calcula que hay otros 1500 desperdigados por hoteles del globo, como el Excelsior de Roma o el Empire de New York. Mientras se prepara para salir, el Quijote rumorea en un estante con La Canción del Verdugo, de Norman Mailer. José Lezama Lima convida golosinas a un libro de Heidegger. Las obras completas de Héctor Tizón hacen migas con Un Hombre Vivo, de Chesterton, o con La Ultima Tentación de Cristo, de Kazantzakis. — Permítame envidiarle esa edición de Las Antimemorias, de André Malraux. Es de la famosa editorial Sur que dirigía Victoria Ocampo desde 1931; donde publicaban Borges, Ortega Gasset, Alfonso Reyes. — Es uno de los grandes libros. Otro es Ciudadela, de Saint-Exupery. Henry Millar dice que es uno de los 7 libros sagrados. Las Antimemorias, La Divina Comedia. Bueno, la Odisea. El máximo, para mí es el Tao Te Kin. La poesía de Chuang Tzu, La Biblia. ¡Los Cantos!, de Ezra Pound. — Todavía no lo leí. — Ah, no, te tenés que preparar. Con Ezra Pound, te tenés que ajustar bien el cinturón. Siempre en el borde entre la iluminación y la locura, que no sé si no son la misma cosa. Rousseau decía que loco es aquel que ha perdido todo menos la razón. Jacobo Fijman, que estuvo 25 años en un manicomio, decía que “la poesía es la ciencia de la salvación imaginaria”.

Todo es ilusión, todo es una recreación. Las cosas son lo que yo veo en ellas. Un tipo va a París y al regreso le preguntan qué tal París. “Che, caro”, responde…. Ese no vió nada Hay otro que ve más y por ende tiene más posibilidades de ser feliz en la vida. Vive en un banquete.

Yo puedo quedarme en esta habitación y no necesito más nada. El arte es una excelencia. Hoy hago vida de artista las 24 hs. — ¿Qué coordenadas tiene? — Salir a la calle como a un gran teatro. Hay un tipo que hace de admirador; otro que hace de ministro, otro que se cree esclavo. Esta calle es una ópera de Verdi, una obra de Balzac. La multitud que pasa es el Coro de los Antiguos Griegos.

Salgo a la calle y hablo con diez personas, al menos. El tachero, el del Mercedes Benz, la muchachita. Cuando salgo, salgo a eso. Con Vinícius de Moraes volvíamos a diario sobre una frase: “la vida es el arte del encuentro”.

Me encuentro con Rilke, y le veo más detalles a la vida; me encuentro con Velázquez, y le veo más colores; me encuentro con esa mujer y hasta por ahí tengo un hijo. — Pero la gente en las grandes ciudades está muerta de miedo, elige relacionarse con las pantallas de su computadora. —

Por empezar, la tecnología es la excusa del cobarde, porque no tiene huevos ni para coger ni para cruzar el Sahara. Pero yo hablo del individuo, no creo en absoluto en la sociedad. La gente es un rebaño que va hacia el abismo casi con felicidad. Le gusta sufrir: una sola mujer, un solo barrio, un solo equipo de fútbol, una sola ideología.

Trabaja en lo que odia para consumir lo que no crea. “La gente” ha arruinado todas las revoluciones que había planeado el individuo.

Sí creo en el encuentro con los libros, con el mundo. Una día me despedí de Krishnamurti –con el que tuve una gran amistad de doce años- y le dije: “Me voy a buscar un taxi”. Y él me dijo: “No salgas a buscar nada y te van a suceder muchas más cosas”.

Me cambió la vida. — ¿Usted se exilió en México durante la dictadura en Argentina (1976-1983)? —A México fui solo, no fui exiliado. Antes de eso, durante el gobierno de Isabel Perón (1974-75), José López Rega (el secretario privado de Perón y Ministro de Bienestar Social) sacaba una solicitada con mi nombre en el diario Clarín amenazándome de que me iban a matar; pensaba que era comunista. Y yo le mandé a decir “¡Pensé que Ud. también era un hombre!”.

Me pasó de todo. Hasta me acusaron de delirio místico, me internaron. Mi madre estaba orgullosa porque yo estaba fichado como “agitador”. “Para eso te dí vida”, me dijo. Una vez fui a Chile. Estaba en un noticiero al mediodía para todo el país. El conductor me pregunta: “¿Qué está haciendo en Chile?” Yo era un loco desaforado y le contesté: “Vengo a decirle al dictador lo mismo que le dijo Moisés al faraón: ¡Dejá en libertad a mis hermanos!”

Al ratito estaba en un sótano del Palacio de la Moneda. El embajador de Francia me rescató de milagro. Me mandaron a Colombia y cuando llegué era un prócer. –

– Mencionó a su madre, que tenía un nombre bíblico: Sara. Por lo que leí, su madre tenía esa mezcla de ternura y sabiduría del personaje de Roberto Begnini en “La Vita è bella”. — Nunca asocié a mi madre con esa película, pero es cierto. Un día, sola con siete hijos decidió cruzar toda la Patagonia.

Estábamos muertos de hambre, de frío, enfermos, todos sucios. Eramos un leprosario ambulante, la gente cruzaba de vereda al vernos venir. Habíamos salido de La Plata (capital de la Provincia de Buenos Aires) y caminamos hacia al Sur durante nueve años, hasta llegar a Tierra del Fuego. Como Moisés, un éxodo.

Entonces un hermano se quejó –llovía, invierno- y le dijo: “¡todos tienen casa, menos nosotros!”. Mi madre le contestó: “Ellos son pobres porque tienen una sola casa. Nosotros somos ricos porque el señor nos dio el mundo para caminar.

¡Seguí andando! (Mi madre ordenaba la felicidad.) 165 países vinieron por esa orden. Después de mucho tiempo, le encaré: “Madre, en esos años duros nunca te ví llorar. ¿Qué hacías en lugar de llorar?”. “Vos lo tenés que saber”, me contestó… “Cantaba”.

Eso mismo fue mi vida. — ¿Por qué se fue a Tierra del Fuego, el lugar más austral del planeta? — Mi madre se enojó con toda la sociedad por un hombre, por mi padre.

Yo estaba enojado, pero cuando conocí a mi padre se acabaron mis canciones de protesta, porque ahí comprendí que las canciones que yo cantaba eran una carta abierta a mi padre. Fue un gran alivio. Se fue el rencor y quedó la poesía, la belleza, la oda, la metáfora. — ¿Cómo lo conoció?

— Vino a un concierto. — Y se presentó. — No, no. No es de caballero hacer que el otro se esfuerce. Mi madre me dijo: “un día te vas a encontrar con tu padre, porque caminás tanto… No cometas el error de juzgarlo. Recordá la orden del Libro Sagrado: Honrarás a tu padre y a tu madre.

Segundo, ese hombre que vas a tener enfrente, es el hombre que más amó, ama y amará tu madre. Dale un abrazo y las gracias porque por él estás en este mundo. Si no hubiera colaborado él conmigo vos no hubieras conocido el Ganges ni el Jordán ni la Biblia ni la pintura de Chagall”… Un día, salgo de un concierto en el Teatro Astral en Mar del Plata. Tenía 46 años. Lo veo. (Mi madre había guardado una foto: era igual pero con pelo blanco.)

El estaba petrificado. Estaba con su mujer, una alemana con la que se había casado hacía 35 años. Me acerqué y le dí un gigantesco abrazo. La gente que me esperaba en el hall comenzó a aplaudir. Y le dije: “Gracias por el Amazonas, por los Montes Himalayas y por Salomón”.

Al otro día me invitó a su casa a comer. Resultó que yo tenía la misma letra; era un gran lector, y en su biblioteca tenía los libros que se había comprado antes de que yo naciera y que yo leo hoy: Melville, Conrad, Spencer.

Tenía un cuarto que era como un templo mío, con afiches, cuadros y discos. — ¿Qué edad tenía Ud. cuando él se fue? — No lo conocí, se fue un día antes de que yo naciera… Lo encontré dos años antes de que se muriera mi madre.

Al otro día fui a visitarla y me dijo que pensaba que se estaba volviendo loca, porque presentía que me iba a encontrar con mi padre. Yo venía de verlo, no se lo pude decir.

¡¿Cómo le podría haber dicho que estaba muy feliz con otra mujer hacía más de 30 años?! Ahí hice silencio. Aprendí que no se debe decir la verdad siempre. La verdad se dice a tiempo.

— Ud. suele decir que el primer signo de sabiduría es acercarse a quién es más sabio. ¿Ud. a quién se acercó? — A los 17 años, en Mar de Ajó (un balneario de la costa bonaerense), un vagabundo me saludó: “Hola, príncipe”. Pensé que me estaba cargando. Se llamaba Simón, era médico, judío. Se había cansado de su vida mediocre, dejó su familia y se dedicó a caminar como un Diógenes. Tendría la edad que yo tengo ahora.

“¡Hola príncipe!”. “¿Cómo príncipe?”, le respondo. “¿Y cómo llamás al hijo del Rey?”. Señaló el cielo, casi me desmayo. Le creí. Me cambió la vida.

Ahí me escribí una canción de cuna. Decía “Vuele bajo/ porque abajo está la verdad”.

Simón continuó: “¿Ves esa señora que está pidiendo comida?… Es una princesa, pero no lo sabe porque está distraída”. Hoy lo digo y no hay nada más real que pueda decir. El primer mandamiento es darse cuenta.

— Ya había dejado a su madre, entonces. — Me fui a los 9 años. Cuando le pedí trabajo a Perón. — ¿En persona? — En Tierra del Fuego había un turco que quería meter en la cama a mi vieja. Un baboso, con muy poco estilo, pero simpatiquísimo. El fue un anticipo de la fiesta. Un día, le dice a mi madre: “Sara, ahora no es necesario pasarla tan mal, porque escuché que hay un presidente que le da trabajo a la gente. Se llama Perón”. Yo escuché, y salí a buscar a Perón desde Ushuaia. A los tres o cuatro meses llegué a Buenos Aires. Era el 18 de noviembre de 1946. Al día siguiente era el aniversario de la ciudad de La Plata, que organizaba un Tedeum en su Catedral. Un vendedor ambulante me compró un ticket y allá fui. Llegué a La Plata a las 7 de la tarde y era como un Ramadán esa procesión. En un auto iban Juan Domingo y Eva Perón. Logro pasar el cordón policial. Perón para el auto. Yo me subo al estribo. “¿Querés hablar conmigo?”, me pregunta. “Sí, quiero un trabajo”. Y Evita dice la primera frase ética que escuché en mi vida: “¡Por fin alguien que pide trabajo y no limosna! Por supuesto, mi amor, que hay trabajo. Ocúpense del niño y díganme dónde está”. Un guardaespaldas me llevó a un lugar, me dieron comida caliente y ropa limpia.

A las cuatro horas vino ella y me dijo “Mi amor, tuvimos suerte. Conseguí una escuela para tu madre y tus hermanos, en Tandil. Van a cobrar $160 al mes”. Entonces me mandó con un avión para buscar a mi familia a Tierra del Fuego y volar a Tandil. Yo bajé con una carta que decía: “Por favor, que la señora Cabral y sus hijos no tengan ningún problema. Muy agradecida, María Eva Duarte de Perón”.

Y mi madre a partir de ahí pensó que podía conseguir todo. Así que me fui a trabajar para traer más dinero. A las buenas y a las malas.

— ¿A las malas? — A los 14 años, yo era analfabeto todavía. Robé dos botellas de ginebra y una de whisky y me dieron cuatro años en una cárcel de menores. Ahí aprendí a leer.

El jesuita del reformatorio, me enseñó y me introdujo a Conrad, a Las mil y una Noches. — Me recuerda a Moseñor Myriel de Los Miserables, la obra de Víctor Hugo, que perdona a Jean Valjean por haberle robado. — Siempre es literatura. Borges decía que hay siete u ocho metáforas que las vivimos recreando… Los doce años de la escuela los hice con el jesuita en tres.

Antes de los 22 años, estaba cursando el Doctorado libre en Filosofía y Letras en la UBA (Universidad de Buenos Aires). — Eso me impresiona de Ud.: cómo paso del niño iletrado de 9 años a esta biblioteca que lleva en su cabeza.

— Por el jesuita, que se llamaba Simón, como el vagabundo. ¡Un gran contador de historias! Mi oficio viene de él. La gente cree que yo soy músico, pero en realidad mi oficio es el de los contadores de cuentos. Salvando la gigantesca distancia, yo vengo del oficio de Homero.

Octavio Paz dijo por televisión un día en México: “Facundo Cabral es la primera versión de Internet; más lenta, pero mucho más cálida”. —

Y así, en 1996 la UNESCO lo nombró “Mensajero Mundial de la Paz”. — ¡Y soy Socio Honorario de la Sociedad Americana de Autores! Con Hemingway, con Henry Miller… ¡con Whitman! Es una locura.

Yo soy un triunfo de Dios. Soy una muestra de que El hace lo que se le ocurre.

Con vos, que sos el más jodido, el más mediocre, al que le faltan neuronas. Ese es el éxito. El éxito no es mío. Nunca siento que son para mí los aplausos.

La Madre Teresa me decía que yo no era un artista, sino un testimonio de Dios. Cuando subo al escenario, doy testimonio.

Digo: “Si conmigo hizo lo que hizo, qué carajo hacés con tu vida, cabrón”. Exequiel Siddig siddigem@yahoo.com.ar Noviembre de 2007

Fuente: http://www.facundocabral.org/







About these ads

8 comentarios

  1. Me encantó como siempre, muy buenas tus publicaciones.
    Feliz aniversario, mi sol.
    Irlanda

    Respuesta:

    Mi Sol y mi Vida sos vos Osita.
    Tetamoooooo:D

  2. Cabral, es como una ráfaga de viento cósmico que barre con todo; incluso consigo mismo, siempre en la búsqueda de piedras con corazones que ambulan desde la noche de los tiempos, esperando la llegada más cerca que nunca de la luz; a la que parece temer, pero que en realidad ama y desea.

    Gracias por compartir “Facundo Cabral” y congratulaciones por el blog.

    Respuesta:

    Gracias Luis por tus bellas palabras a Facundo Cabral y al Blog.
    Saludos a los hermanos Peruanos :)
    Marcial

  3. Hacía tiempo que no leía tantas frases coherentes juntas.

    Felicidades.

    Hola A Tuca!! :)

    El mérito de las frases son de Facundo Cabral y del periodista que lo entrevistó.

    Cariños!

    Marcial

  4. Mi papá era fanático del cantaor de protesta Cabral, me pasó el cariño a su figura y sus poemas; Gracias por este post de este loco lindo: Siempre me encanta leer su alabanza a la masturbación, Será que uno nunca la deja, majestá

    (perdone meterlo en estos menesteres)

    Respuesta:

    Hay varios Post sobre Facundo Cabral, loco lindo y sabio, sobre todo sin miedo que lo paralice y luchador.
    Si padre también tenía sabiduria Calixto, y evidentemente le ha dejado una herencia no apreciable en divisas que tarde o temprano se deprecian.

    Con referencia a su alabanza a la Masturbación, esta forma parte de la sexualidad, y por lo que he leído y escuchado varias veces de boca de sexologos/as, ayuda al no desarrollo del cancer de Prostata.

    Adihero a vuestra confesión, en mi caso a los efectos terapeuticos antes mencionados y al placer que provoca.

    Cordialmente

    Marcial

  5. Descubridora tardía de tan magnifico pensador , me esta siendo imposible encontrar sus discos y libros .
    Vivo en Gran Canaria , España
    ALguíen me puede ayudar diciendome donde puedo adquirir estas cositas de el ?
    Gracias, manoli

  6. HOLA FELICITACIONES POR TU BLOG ESTA MUY INTERESANTE !

  7. facundo cabral es un profeta. un sabio. un ciudadano del mundo del q todos podemos aprender y ser mejores personas solo x escuchar alguna de sus anecdotas y escritos..

    gracias x la informacion !

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 212 seguidores

%d personas les gusta esto: