Genética: “Apagan” genes dañados
Hace siete años, un grupo de investigadores del Instituto de Fisiología Celular, encabezado por el doctor Luis Vaca Domínguez, comenzó a realizar, por primera vez en México y el resto de América Latina, estudios que involucran el uso de unas pequeñas moléculas de ácido ribonucleico (ARN), denominadas ARN de interferencia o micro ARN, las cuales son capaces de regular, de modo muy selectivo y eficiente, la expresión de genes en diversos organismos.
Por el descubrimiento de esta novedosa forma de regulación génica, los científicos estadounidenses Andrew Z. Fire y Craig C. Mello obtuvieron el premio Nobel de Medicina en 2006.
“Tenemos miles de millones de células en nuestro organismo, todas y cada una de ellas con la misma información genética de nuestros padres”, dice Vaca Domínguez.
Sin embargo, esta información genética a veces puede alterarse, con lo cual se inicia un proceso de enfermedad, por ejemplo, de cáncer, en cuyo caso las células se reproducen de manera desordenada.
“Según el tipo de cáncer —indica el investigador universitario—, los mecanismos de freno que evitan esta reproducción caótica pueden desajustarse por envejecimiento, tabaquismo, exposiciones constantes a los rayos solares, efecto de ciertas sustancias químicas y/o fármacos o por mutaciones. Ahora bien, si uno es capaz de identificar cuál es el gen alterado, lo puede ‘apagar’ como si fuera un switch de luz.
Si consideramos que el ser humano tiene 30 mil genes, eso es como entrar en un cuarto donde hay 30 mil switches e identificar cuál está fallando… Esto resulta extraordinariamente complejo. El uso de ARN de interferencia podría simplificarlo muchísimo. Si, mediante él, nos damos a la tarea de ‘silenciar’ los 30 mil genes de una célula humana, podríamos determinar qué función cumple cada uno de ellos.”
Experimento exitoso
Por fortuna, gracias a la terapia génica, es posible identificar, en una determinada enfermedad, el gen dañado y reemplazarlo con una copia sana; es decir, si un gen empieza a alterarse y trabajar de más, se puede introducir en el organismo una molécula de ARN de interferencia para “apagarlo” y sustituirlo con dicha copia.
“Estos estudios que hacemos con animales de laboratorio y con células humanas nos han permitido relacionarnos con varios de los mecanismos que utiliza la célula para controlar el flujo de la información genética.
Uno de éstos es, precisamente, el ARN de interferencia. No sabemos cómo funciona en detalle. Necesitamos estudiarlo a fondo para aprovecharlo y evitar que trabaje en nuestra contra”, comenta Vaca Domínguez.
Hacia el año 2002, para no trabajar con una sola célula, Vaca Domínguez llevó a cabo un experimento con una larva de un escarabajo conocido como tenebrio: le inyectó un virus letal, junto con ARN de interferencia; poco después pudo ver que éste interfirió e inhibió la acción del virus, por lo que ya no se replicó y la infección no se expresó en el tenebrio. Esto constituyó la “prueba de concepto” de que el ARN de interferencia puede “silenciar” no sólo genes del hospedero, sino también genes de parásitos, como el virus mencionado.
“Este conocimiento —señala Vaca Domínguez— podría servir, en un futuro próximo, para ‘apagar’ genes esenciales del virus del sida, por nombrar uno. En Estados Unidos, algunos científicos ya están haciendo ensayos preclínicos con pacientes muy seleccionados.
En nuestro país, no obstante, va a pasar mucho tiempo antes que alguien comience a hacerlos.”
Sólo miles de células
El especialista decidió trabajar con una larva de tenebrio porque ésta sólo tiene miles de células, mientras que un humano tiene miles de millones… Y es que, para que su experimento tuviera éxito, el ARN de interferencia debía entrar en todas y cada una de estas células, pues no se podía saber de antemano a cuáles llegaría el virus y a cuáles no.
“En el caso de la larva de tenebrio, la cantidad de ARN de interferencia que se tuvo que inyectar fue poca. En el caso de un humano se hubiera necesitado una muy grande, lo cual constituye uno de los obstáculos para su uso en terapias con personas.
En la actualidad, la síntesis de dicho ARN todavía es muy compleja y costosa; además, a estas pequeñas moléculas hay que hacerles algunos arreglos para que, cuando se inyecten o pasen por el tracto digestivo mezcladas en pastillas, nuestros mecanismos de defensa o los ácidos del estómago no las destruyan.
Esto requiere mucha investigación. Por ello, la Universidad Nacional Autónoma de México, vía el Instituto de Fisiología Celular, ya ha dado los primeros pasos para formar una importante mancuerna entre la industria y la academia, la cual únicamente existe, hoy en día, en países desarrollados como Alemania, Francia y Estados Unidos”, finaliza el especialista. (Josefina Rodríguez Rivera)
http://estadis.eluniversal.com.mx/cultura/54672.html
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